Por las callejuelas con

Salinas

Le gusta el silencio y la cerveza. Siempre va disparado aunque nunca se le ha visto correr. Salinas es uno de los más grandes pintores abstractos que ha dado España. No se considera artista pero pinta para él. Acaba de recibir de manos del alcalde de Sevilla la Medalla de Oro de la Ciudad.  Nos abre las puertas de su personal estudio en el barrio de San Lorenzo para hablarnos de su obra y de él, esto último en contra de su voluntad. Se llama Manuel Salinas Milá pero en el mundo del arte contemporáneo es Salinas a secas. No necesita presentación ni títulos sus cuadros.

¿Se le da mejor hablar o pintar?

Pintar. Soy de hablar poco.

¿Quién es Manuel Salinas?

No sé. Ni idea. Nunca me he parado a analizarme. Nunca he hablado de mí. El resultado de lo que soy lo puedes leer en la crítica sobre mi obra.

¿Es tímido?

Tampoco lo sé. No me creo capaz de analizarlo. Seguramente seré lo normal.

¿Qué diferencia a un artista de un pintor?

Yo veo bastante pretencioso decir: Yo soy artista. Cuando no estás pintando no eres pintor. En esta sociedad, que está cada vez más inculta, ya no se sabe el orden de las cosas. El pintor es una especie en peligro de extinción en este país, ya  que no hay ley de mecenazgo. Es curioso que en Estados Unidos, donde mejor funciona la cultura, no haya ministerio de cultura. Aquí se ha prometido esa ley que nunca acaba saliendo. Las galerías están continuamente cerrando. Por pura vocación quedan unos cuantos.

¿Hay que tener un punto de locura para ser pintor?

Hay que ser muy cabezota. Hay muchos pintores que empiezan y que se ven en la necesidad de meterse en herramientas de publicidad y de Internet. El panorama de los pintores de los años setenta hasta ahora ha cambiado una barbaridad.

¿Puede ser un pintor alguien común?

Por supuesto. Incluso niños muy pequeños sin ser conscientes tienen una capacidad para el color y la composición increíble.

¿Cómo se imagina la vida sin arte?

Algo parecido a lo que estamos viendo. Una sociedad inculta. Predomina la incultura cada vez más. Emilio Lledó publicó un artículo que decía una frase importante: “La incultura provoca la miseria”. Yo creo que no se ha valorado en la sociedad actual política española la cultura.

¿Es desordenado?

Ya lo ves (sonríe).

¿Para qué se vive?

Pregunta metafísica compleja de responder. Entraría en un tema muy personal. Todos tenemos nuestros principios, ideologías, creencias. Desde luego no te voy a decir que vivimos para tomar cervezas (risas).

La cerveza alivia la vida ciertamente.

Desde luego...

¿Pinta para que se le entienda?

No. Nunca. Pinto para satisfacerme a mí. Cuando alguien lo ve, lo disfruta, lo entiende, como una música que nos conmueve, me da satisfacción. Pero pinto para mí. Es una pintura fundamentalmente autocomplaciente.

¿Quiere comunicar algún mensaje?

No. De hecho ningún cuadro de los míos tiene título.

Le acaban de dar la Medalla de la Ciudad de Sevilla...

Me ha sorprendido muy gratamente. 

Para no querer comunicar nada ha comunicado mucho para llegar hasta el reconocimiento de sus paisanos...

La vejez en un pintor no es como la de un futbolista. Cuando mayor eres más seguro estás de lo que haces, más te entiende la crítica.

¿Usted es viejo?

Tengo muchos años.

¿Y eso significa ser viejo?

No, desde luego que no. He viajado mucho, he visto mucho.

¿Su universo es caótico en el arte y en lo personal?

No, creo que no. Creo que incluso soy ordenado. Si no, no podría trabajar con orden, sin disciplina.

¿Qué tiene de andaluz?

La mitad de mí. Mi padre andaluz y mi madre catalana. Depende de cómo me levante soy más andaluz o más catalán.

Sus cuadros tienen mucha luz y mucho color...

Mucha luz como la que tiene Andalucía. Tiene una luz impresionante. Mucho color como  Cataluña.

¿Hay mucho timo en el arte contemporáneo?

No. No diría yo timo. Hay como en todo pintura buena y pintura mala.

En Arco cuesta creer que no es un timo.

He dejado de ir a Arco porque hay muchas manualidades que confunden con arte. Yo la última vez que fui vi un elefante hecho con palillos de dientes. Eso no me interesa, ni a nadie creo que pueda interesarle las manualidades de gente que tiene tiempo. Tampoco entendí nunca las instalaciones de vídeo. A mí me interesa del arte en general la pintura, la pincelada a mano. Ocurre lo mismo con la pintura antigua. Hay pintura del siglo XVII mala y buena. El cómo es más importante que el qué en la pintura. Esa es la base. El tema es que a los cuadros se les pone títulos y se ponen delante los visitantes a intentar descifrar la adivinanza delante de un cuadro abstracto. Es un error cuando intentan encontrar los ojos en un retrato abstracto. Me pasó hace unos días cuando fui a la exposición de informalismo italiano que ha organizado la Fundación March. Había un grupo de profesores con jóvenes intentando descubrir la figura que en la pintura había plasmada. Es una forma de enseñar a entender el arte bastante lamentable. Los pobres niños... El más listo identificaba una boca o unos ojos... (sonríe). La incultura actual. Ese es el problema más importante de este momento en la pintura.

¿Qué distingue a una obra de arte de una obra de manualidades?

Si te pones delante de un cuadro y te alimenta, disfrutas con él, es una obra de arte.

¿Le gusta el silencio?

Es muy agradable, pero aquí chilla todo el mundo (sonríe). Es difícil disfrutar del silencio en esta tierra. En Portugal es todo silencio. Hay quienes piensan que si hablan bajo es señal de estar enfermo. Imagínate...

¿Qué hay de improvisación en su obra?

Hay mucho de búsqueda, de pelea con la pintura. No me deja tranquilo. Es una batalla. Muevo colores, muevo formas, buscando el ritmo, la composición... Es como una música. No es improvisación nunca. Es valoración de una mancha, búsqueda de otra... Así entiendo la lectura de mi obra.

¿Cómo quiere que se le recuerde?

Me da igual. Nunca he pensado en eso (sonríe).

¿A quién admira?

¿En pintura? A todos los buenos: Greco, Ribera, Velázquez... Me interesa mucho ahora Luis de Vargas. Voy moviéndome y coleccionando. Disfruto mucho comprando pintura antigua como con la moderna.

¿Ha comprado alguna vez un cuadro de algún contemporáneo suyo?

He cambiado con otros pintores cuadros. Alguno he comprado. Me gusta más comprar pintura antigua. La actual la tengo a mano.

¿De qué manera influye nuestra infancia en nuestra vida?

No me he parado a pensarlo. He dado por hecho que nací en una familia determinada porque estaba previsto así y punto. Hay que vivir rápido sin pararse demasiado.

¿Hay que vivir rápido? Pues siempre le veo bastante tranquilo. Nunca le he visto correr.

(Risas) En cambio siempre voy disparado. A otro ritmo, pero disparado.

¿Sabría decirme qué es el arte? 

El arte es el disfrute que se siente en una buena corrida de toros de Morante. La última corrida de Morante en Sevilla fue puro arte. Ver una buena corrida es como ver un buen cuadro, un buen ballet, un buen concierto. El arte podría decirse que es una emoción interior que hace elevar el espíritu provocada por la belleza.

¿Se le da bien cocinar?

Hice la mili veinte meses. Me avío (risas). Se me da bien hacer gazpacho.

¿Cuál es su color?

Creo que hay una repetición en mis cuadros siempre del rojo.

¿No sabrá supongo el por qué?

No quiero saberlo tampoco (risas).

¿Un día del año?

Todos.

¿Un personaje histórico?

Carlos III, por su impresionante sentido artístico, arquitectónico. Un Rey alcalde. Me preguntas cosas que nunca me habían preguntado.

Me alegro, porque no he venido a hacerle una entrevista más. Por cierto y por último, ¿tiene alguna receta para ser feliz?

Desde luego, tomar cerveza.

No es mala fórmula.

 

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