Cartas del director

  • Haga que le tomen por loco

    “No hay mayor éxito que el exceso” es mi frase favorita de la serie Downton Abbey pronunciada por la genialísima actriz británica Maggie Smith. No hay nada más excesivo que la propia vida, si me lo permite. Vivimos en el exceso de vivencias, de aprendizajes, de moralejas huntadas de triunfos y batacazos, despeñados por donde nadie nunca nos avisó que podríamos despeñarnos. Nunca he llegado a entender cómo nacemos sin un libro de instrucciones para entender esta jodida locura del exceso que es la vida. Nos sueltan en este mundo ahí en medio, salvajes y sin vacunar. Ciertamente si fuera de otra forma nos aburriríamos, sería insoportable, no le digo lo contrario. Quizás no soportaríamos tanta calma como para llegar a viejos. Pero aprender a no caerse es una barbaridad. Uno no deja de vivir en el exceso pero es que esta queja con sabor agridulce es lo que hace paradójicamente a la vida un lugar maravilloso. Vivir conscientes de todos los sabores, olores, colores, sonidos y texturas hasta la última gota es lo que nos hace estar plenamente vivos. La vida es un regalo de Dios con sus espinas, pero es además una invitación a ser valientes, al inconformismo, al rechazo del “esto es lo que te ha tocado y chitón”. No, mire usted, no me ha tocado ni me va a tocar lo que no quiera que me toque en la medida de lo posible. Encallo mis manos de aplausos dirigidos a todos los que en su día se plantaron y decidieron tirar por el camino incómodo y loco de ser felices, contra todo pronóstico y recomendación médica. No quiero abusar de mi inspiración y euforia contenida pero quiero en puertas de la venida del mayor Loco que ha dado la historia para señalarlo como ejemplo vital. Su lucha fue la lucha de la Humanidad por salvarse y, en lugar de elegir a un emperador de Roma, el Altísimo elige al Mesías con un carpintero y una Mujer humilde como padres en sociedad. La Mujer de entre todas las mujeres seguramente compartía la opinión de que la vida podría ser fácil y le tocó la más difícil sin buscarlo porque La eligió Dios. Me imagino sus noches desvelada pensando en lo que le venía a Su Hijo, porque revolucionó a sus contemporáneos y para siempre a las generaciones venideras. Lo más hermoso de este episodio basado en hechos reales en torno al Hombre que cambió el curso de la historia y por el que nos seguimos sentando en una mesa más de dos mil años después es que Él sabía para lo que había nacido, para morir por la salvación del mundo y dar testimonio con aspecto humano del Mensaje que con su nacimiento, pasión y muerte traía a la humanidad. Dígame si no es excesivo que naciera en un pesebre, que se rodeara de publicanos, pobres, miserables y hasta de una prostituta para comunicar al mundo el mayor mensaje de amor que se ha dado en la Tierra desde su creación. Imagino el exceso de lavar los pies de los apóstoles aun sabiendo que no estarían a la altura siempre  de las circunstancias que la Historia y Dios les había encomendado. Si el exceso es el mayor de los éxitos, el ejemplo más claro fue la vida y muerte del bendito Loco nacido en Belén y que volverá a hacerlo en unos días porque no ha perdido la Esperanza en su mes en el Hombre. Pudo nacer en un templo, en brazos de unos patricios pero nació en un establo. Pudo morir escondido, pero murió en la Cruz en un estruendoso ruido que llegó del Calvario a Roma y tambaleó sus cimientos. Dime, querido amigo, si no es una historia excesiva. Tomando de ejemplo al ejemplo de los ejemplos, le invito esta Navidad a vivir en exceso por amor, por su felicidad. No permita que le descafeinen. No sea light o hipocalórico. Por favor, haga que le lleguen a tomar por loco, pero sea un loco porque no encuentro otra manera de ser en este lugar donde nacimos sin instrucciones pero cargados de recursos y reaños para aceptar, exprimir y honrar el regalo que el Hijo de José y María nos hizo desde que nació. Desde que triunfó subido a un burro o desde que murió crucificado siendo el Hijo de Dios. Le invito un mes más al exceso. ¡Feliz Navidad!. ◉

 

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