Cartas del director

  • Cuénteme alegrías o evite el saludo

    Ciento treinta y cinco ediciones hemos cumplido con esta edición en la calle para dar nuestra versión de la realidad social de nuestra tierra. En este mes de mayo, el mes de las flores y de María, salimos felices porque una vez más se cumple nuestro deseo de ser su compañero de baile. Mire usted, la realidad real, valga la redundancia, es tremenda si nos ponemos con la lupa y sin ella. El telediario nos anuncia circunstancias que nos roban la paz, el buen rollazo con el que procuramos levantarnos y, lo peor de todo, es que la solución de los grandes asuntos con los que nos arrollan desde el primer café de la mañana no está en nuestras manos. Lo que sí es cierto,  ahí es donde entramos todos, y en esa línea versa esta revista que acaricia los doce años de vida; es que podemos ver las cosas desde un prisma positivo que nos eleve el ánimo, sin pecar de inconsciente, pero casi. Vivimos una vez en este mundo y tenemos la obligación de hacernos la vida feliz. Todo lo feliz que consigamos cada día. Escribo esta carta mientras preparo con mis amigos de siempre el Camino que nos lleva hasta la Virgen de los almonteños, pero que sentimos Nuestra. Pues si importante es para los que así lo sentimos este Camino del Rocío como gasolina para todo el año, importantes son las vísperas, porque de lo cotidiano hacemos una fiesta. Las compras juntos, las reuniones preparatorias con una copa de vino en la mano, perfectamente reducibles pero no es así porque no nos apetece, las llamadas para contagiarnos la alegría de un nuevo Pentecostés… hacen del Camino inmedible en el tiempo. Estos pequeños acontecimientos, como puede ser una quedada para una cerveza rápida con unos caracoles para tomarnos el pulso de los nervios, son los que nos hacen la vida más agradable. La vida no está en nuestras manos, pero el aderezárnosla de almíbar para el alma, compañero, eso va de nuestra cuenta. Huyo como una liebre de quienes hablan de lo mucho que trabajan, de lo temprano que se levantan, de lo poco valorados que están y de todas las desgracias que acontecen a nuestro alrededor. Mire, señora, yo no estoy para eso. A mí cuénteme alegrías o evite el saludo, porque yo tengo un cajón de problemas pero de ningún modo le voy a pringar con ellos. Ni loco que yo estuviera. Aunque, a decir verdad, un toque de locura, bien entendida ésta, hay que tener para soportar con la sonrisa incrustada en nuestro semblante y para que esto sea llevadero, sin caer en el derrotismo, tan mediocre como poco práctico. Hoy levanto esta copa de letras para invitarle a vivir un mayo florido, a su manera, aprovechando que las lluvias por fin se fueron al recreo (¡qué ganas!) para dar gracias a la vida por todo lo que le hace sentir bien. Sevilla está para pasearla estos días y las costas de nuestras ciudades hermanas están esperándole para esa escapada que lleva anhelando desde antes de acabar el último coletazo del último verano que vivió como si fuese el último. Hoy es ya mañana y es la ocasión para apagar el televisor y lanzar el mando a distancia para atrás, porque va a vivir un mayo de las flores con sabor a tardía primavera, a sol, incluso a playa. Un mayo para celebrar la vida aportando alegría de vivir, dándole una gran patada a lo que le aturda, a lo que le merme, sin pensarlo además. Esta carta no es más que una invitación a que nos acompañe al próximo baile para fundirnos en las ganas de vivir este camino único e irrepetible que es la vida. El Rocío viene como agua de mayo para anunciarnos también que la vida es una fiesta, pese a todo lo que usted y yo sabemos que nos callamos porque aquí de lo que se trata es de hacernos y de hacer la vida más agradable. Mire, ninguno de los pasos que he dado importantes en mi vida los he efectuado sin una panda de incrédulos alrededor que no daban un duro por la historia. Tras conquistar una tras otra gesta con tesón y con ganas, muchas ganas, llámele ilusión, llámele inconformismo, siguen mostrándose así y no por ello sigo viviendo poniéndome nuevas metas, nuevos retos, por mantenerme vivo, despierto, motivado para seguir peleando por la vida. Cuando oigan en su presencia o ausencia aquello de “largo me lo fiáis, amigo Sancho” sírvanse de esa sentencia cervantina para demostrar que hablan de las limitaciones de quienes lo pronuncian, no de usted, ni de las suyas. No me enrollo más porque no quiero que pierda un segundo en vano de este día espléndido con el que Dios nos premia hoy. Sea feliz, hágale ese honor al mes de las flores, al mes del despertar de la vida. Brindo por mayo. ◉

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