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Cartas del director

Amarguras de María

Todas las primaveras vuelve para quedarse. Todas las cuaresmas llegan para no irse nunca. Todos los relojes llegaron a tiempo para que todo se cumpla. Todo. Semana Santa en Sevilla. Sevilla en estado puro, extracto, esencia depurada de la propia ciudad. Sevilla más Sevilla que nunca, es decir, más Sevilla que siempre. Días intensos para el espíritu y para los sentidos significan la Cuaresma. Desde el silencio y el rezo a las tapas de siempre y a los tintos tras tintos en los mentiremos de Sevilla. Debo confesarle que me vuelve loco o me vuelve más cuerdo que nunca este tiempo de contrastes. Este tiempo de puertas para adentro y de balcones a la calle. Mi cuaresma se deslizó en mi interior como la de todos los que creemos en esto y adoramos sus facetas aledañas, sean estéticas, culturales o sean puristas de lo que al alma y a nuestra fe atañe. Propósitos, sacrificios, ritos, familia, tradición, Dios y más Dios que nunca. Palabras que suenan a este tiempo gozoso, glorioso, porque es una llamada a la Gloria, del cielo y de Sevilla que en ocasiones se confunden y funden en una sola cosa. Dedicamos esta decimotercera edición Especial Semana Santa a la Virgen de la Amargura. Me confieso un enamorado de esta imagen. Cuando me topo con Ella sólo puedo rezarle. Trece semanas santas hemos tardado en pararnos en la Virgen guapa de los amarguros. Trece como los comensales de la cena que cambiaría el sentido de la historia de la humanidad. Se me antoja Ella, junto a San Juan, como la mejor invitación para tomar de referencia y conciencia en las amarguras que vivió María en torno al Hombre de entre los hombres, al Dios hecho carne. Este año que cumple el primer siglo de vida la marcha Amarguras de Manuel Font de Anta teníamos la excusa para usar esta preciosa imagen dolorosa como portada y como reclamo a la reflexión, a la oración, al silencio. Muchas veces he pensado en lo que se le pasaría a María por su cabeza en aquel fatídico camino hacia el Calvario, viendo como todos acababan fallándole a Su Hijo. ¿Qué sentiría María cuando vio derrumbarse todo a su alrededor? Ella, que es la puerta del cielo, se convirtió y así todas las generaciones la recordaron como el ejemplo al que aspirar en este mundo de hoy. María sigue siendo actual. María pudo estar tentada a ir a uno a uno de los amigos de Jesús para reprocharles cómo le negaban, cómo faltaron a su lealtad, cómo renegaron de quien les vino a regalar el testimonio de vida y de muerte más significativo de todos los tiempos. Faltaron a quien les limpió sus pies,  a quien compartió Su mesa, a quien nació para morir dando con su propia vida el mensaje a un mundo ruin que la muerte no es el final. María pudo ir a las plazas donde estuvo Jesús, a aquellas casas donde comió, buscando a aquellos testigos de sus primeros milagros en una vida pública sin igual. En cambio, María, asumió la amargura a la que ninguna madre debería someterse para cumplir con la voluntad de las voluntades. María vivió aquella injusta sentencia y aquella humillación pública aberrante confiada, esperanzada, aferrada a la fe y a lo que estaba escrito, a lo que estaba previsto, por ilógico que pareciese. María vivió aquellas horas con dolor pero no con rencor. La vida es demasiado corta para vivir con rencor. María, tras morir Su Hijo y de la forma tan cruel que lo hizo, traicionado por sus propios amigos, fue al encuentro de aquellos apóstoles, amigos cobardes y traicioneros, para abrazarlos y consolarlos cuando era a Ella a quien se debía consolar en ese momento. María no buscó a aquellos romanos, no fue a buscar a Pilatos o poner la voz en grito por lo que había sucedido. María vivió la amargura de la muerte de Su Hijo con la Esperanza de la Resurrección. Es justamente la Resurrección lo que al tercer día le dio sentido a todos aquellos episodios que mostraron lo baja que puede llegar a caer la condición humana. Esta portada con la Virgen que vive en San Juan de la Palma es justamente un brindis a seguir a María, a copiarla, buscando el perdón, esquivando al rencor, apostando por la comprensión poniéndonos los zapatos del de enfrente para entender sus pasos. Disfruten de estos días polifacéticos con la suerte de estar en este lugar único, tierra de María Santísima, que han llegado para quedarse, como todas las primaveras ◉

 

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