Cartas del director

Españoles de Isabel y Fernando

Debo aplaudirle el gusto a TVE por producir series de televisión como “Isabel” o “Carlos, Rey Emperador” donde se narra la gloriosa historia común de los españoles canalizada a través de los grandes personajes que llevaron a nuestra patria a las más colosales conquistas. Por encima de intereses personales y con una clara visión de hombres y mujeres de Estado, sacrificaban y entregaban su vida entera en la lucha por estas tierras de María Santísima. Los siglos pasaron unos detrás de otros. Hoy todo es diferente. Claro que esto no interesa siempre por ahí arriba entre quienes nos manejan. Series de este tipo instruyen y hacen pensar y eso es muy peligroso. Es mejor para ellos un espectador inculto andaluz que uno ilustrado catalán, porque este último se da cuenta de las cosas... Por esta razón se colman nuestras televisiones de basura enlatada para que la masa siga atontada y adormilada vulnerable, manipulada con facilidad, risueña y apoltronada en su clamorosa ignorancia. Nuestra sociedad, gracias a la sangre derramada de tantos valientes y a la evolución de una sociedad letrada e inconformista con sed de paz, ha ido haciendo de España una tierra maravillosa. Aunque me gusta en este zaguán de papel hablarles cada mes de la vida en rosa, de la parte amable de la realidad, debo reconocerles cierta decepción como español sin complejos que me considero. Hoy no estoy yo para brindis de botellas medio llenas. El yo está pudiéndole el pulso al nosotros en una absurda pugna de orgullosos egocéntricos por la que los partidos y sus líderes en algunos casos se anteponen al interés de nuestra propia nación, palabra convertida en niña fea, con acné, maloliente y gafotas cuando se usa para referirnos a España. Debían tomar nota nuestros actuales gestores de la cosa pública de la esencia de esos héroes de antaño en los que la palabra dada y el honor eran oro macizo. Es complicado que este sueño utópico que diviso sea una realidad en una tierra en la que como dice mi admirado Jesús Quintero “la puñalá está tan cerca del beso”. Una tierra de gentes difíciles, de donde dije digo, digo Diego, con tal de graparse con remaches al sillón de mando. País con una derecha acomplejada que no dice más de cuatro verdades universales ocupada en un constante perdón y justificación por existir. Un país en el que la izquierda más radical juega a boca llena al progresismo de palabra con pensamiento esencialmente fascista, sectario, intolerante, irrespetuoso y discriminatorio pero de mangazos en países pseudodemocráticos. ¿Tanto es lo que nos separa como para no sentar a los grandes partidos con los intereses de España en el centro de la conversación? ¡Ay, riberas de Sevilla, puerta de Europa ayer, noble morada donde arribaron tantas glorias! ¿Quién te iba a decir todo el veneno que nos llega con aires de Venezuela por unos lobos populistas, que no del Pueblo, con cara de corderos pocos aseados y de pinta zarrapastrosa? Señores, el tiempo corre siempre a favor del enemigo. Movilicémonos por nuestro amor a España sin remilgos y por respeto a quienes tanto nos legaron para apelar a la cordura de quienes recibieron nuestro voto. Que sea la mayoría y la cordura las que ganen en esta locura de minorías que osan tener la sartén por el mango que se me antoja derivado de mangar y mangantes. Ánimo de sumar y no de dividir en estos momentos políticos, aunque sea por tantos que dieron su vida para conquistar las libertades y la paz que hoy disfrutamos en nuestra joven pero fuerte y plural democracia. No nos dejemos llevar por falsos Mesías de verdades a medias con patitas muy cortitas. No consintamos que la desconfianza provocada por una parte de nuestra clase política, despreciable ésta dicho sea de paso, nos empuje a dejar en estos vendedores de humo con coleta y desplantes de rastas al cuarto algo tan grande como nuestro futuro como país, porque no nos lo perdonarán las generaciones venideras. En otra carta de brindis a la decepción entraré en individualismos de bebés en sesiones del Congreso con “nanny” a la inglesa en la puerta escondida para seguir siendo progre de boquilla. ¡Vergonzoso! Exijamos a quienes nos representan que lo hagan gastando energías unidos sólo en trabajar por esta empresa común que es España, en el que la pluralidad vive con perfecta armonía de la mano de los enriquecedores individualismos que convierten a nuestra patria en un lugar único, genuino, diferente. Quizás el loco soy yo por ver con tanta nitidez esta estupidez gigante de pies de barros que pone en peligro el verdadero progreso de España y de los españoles.

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