Cartas del director

Sevilla, reina de lo efímero

Algo que decir es lo que me arrastra cada mes a este rincón de papel aunque es el silencio lo que realmente me gustaría plasmar en este lienzo estucado brillo que tiene entre sus manos. Es el silencio lo que me apetece experimentar en este instante tras unos días desbordantes de sensaciones, de imágenes, de moralejas que nos regala la vida, de emociones expulsadas y de las contenidas en nuestro interior. A veces es ese silencio, alejado de todo, el que tiene la respuesta a tantas dudas que rondan nuestras cabezas locas del remate. Necesito el silencio como terapia para digerir todo lo que pasa en mi vida, en continuo movimiento, con un ritmo que no me permite parar, verlas venir y enderezar el rumbo. Se me ocurre esta osadía, pararme y estar en silencio, precisamente en el mes de la fiesta, de la explosión de olores, sonidos y estampas que como siempre renacerán con más fuerza que nunca con olor a limpio, a nuevo, a estreno. Abril es un mes vestido de primavera, de mil colores, en el que Sevilla no puede estar más bella. Siempre digo que es en primavera cuando Sevilla es más Sevilla que nunca. Estoy feliz, muy feliz, porque tengo la suerte de haber nacido en esta tierra. ¡Mire qué tontería! Mi vida sería muy diferente si no hubiese sido en este sitio en el que mi madre me trajese al mundo a las cinco de la mañana un mes de septiembre, el mes precisamente de la segunda primavera sevillana. Sevilla es fiesta, es alegría. Sevilla es saber reír su pena y es a vivir que son dos días. Esa Sevilla es una borrachera por la que este no es un valle de lágrimas. Si no fuese porque paradójicamente también es la ciudad en la que molesta que triunfe uno de los nuestros, por ejemplo, pensaría que vivo y soy de la ciudad más maravillosa del mundo. No porque no las haya más hermosas, que las hay, sino porque su alma, su magia, suprema de lo efímero, la hace la ciudad más maravillosa del mundo exactamente. Es un amor mortal el que siento por el pueblo más grande de España que es Sevilla. No puedo evitarlo, ni quiero, creo. ¿Cómo decir que me gusta de Sevilla el olor a albero mojado del Real en las primeras horas del paseo de caballos? ¿Cómo explicar el sonido de los vencejos interrumpiendo el silencio de la plaza de toros más imperfecta del mundo? ¿Qué decir de las caras lavadas con el pelo tirante y la flor en todo lo alto de las niñas más flamencas de Sevilla? ¿Qué me dice del sonido de los cascos en las calles empedradas de la vieja ciudad que suena a orquesta triunfal a la hora del aperitivo? Tópicos que no por serlo dejan de ser maravillosos. Esta ciudad con cara de pueblo es la mejor receta para ser feliz en estos días de incertidumbre y en los que tengan que venir. Sevilla como ayer lleva la procesión por dentro y vive la feria de la vida como nadie. Sevilla es un mejicano en el tendido de sol, unos mariachis en la caseta,  es un aplauso a un picador en el tendido 8 y es una foto de callejón de Serrano. Sevilla es un escocés en la Feria. Estoy convencido de que el día del punto final Sevilla seguirá bailando, aferrada a la vida que como la feria es efímera pero una gran fiesta. Saquemos nuestras mejores galas, nuestras sonrisas del altillo para airearlas y almidonarlas. Bebamos la manzanilla helada que es la vida con el catavino empinado cual espadaña cristalina, señalando al cielo azul que Dios le tiene concedido a los sevillanos. Abril como Sevilla son las tablas repintadas de la Maestranza. Abril es una mujer de mantilla de Bruselas. Abril es un cartel de “no hay billetes” en el Arenal. De hecho, abril es Puerta del Arenal. Abril es un flamenco con los toldos echados, a puerta cerrada. Es una gitana con claveles, es clavel del señorito en la solapa. Abril es enrejado de flecos de Manila hechos en Villamanrique. Abril como Sevilla es reina de lo efímero.  Abril es pregón en el Lope de Vega. Abril son almendras fritas con un puñado de sal tirado de lejos y es un magnum de chocolate con almendras en el tendido 11. Abril es el moreno de Matalascañas para el escote y es un lacayo impecable en Adriano la mañana del domingo de los enganches. Abril es un puñado de pictolines a la cuadrilla a la altura de la Puerta de Arrastre. Abril es una sevillana corralera de Lebrija y es una lenta de lucimiento en el centro de la caseta. Abril son las manos de Macarena García-Otero delicadas como la seda bailando con el arte de los Reina. Abril es Feria y la Feria es un caldo a las tres de la madrugada con hierbabuena para entonar. Abril son los primeros caracoles, amargos pero comestibles. Abril son fresas y fresones. Abril son vísperas del mes de María. Abril es una cola de tintorería con túnicas de nazarenos y trajes de flamenca. La dualidad de Sevilla en abril es a voces limpias. Abril son espuelas de fragua. Abril son los fuegos artificiales desde la azotea de casa. Abril es dormir de memoria. Es voz tomada, es cuerpo cortado de vuelta por el puente buscando a voz en grito un taxi y es lunes de resaca. Abril es el domingo de los Miura. Abril es lunes del pescaíto. Abril es vida como si no hubiera un mañana. Abril es el mes de los forasteros prendados con nuestra luz, diferente a la de cualquier otro sitio. Abril es Sevilla y Sevilla es abril. 

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