Entrevista a

Elena Benarroch

Elena Benarroch

A penas había dormido pero no mostró el más mínimo síntoma de cansancio. El ámbar que llevaba colgado del cuello, regalo de su amigo por antonomasia, el presidente Felipe González; le daba la energía necesaria. La interrumpimos en su tienda de la calle Zurbarán mientras prepara una retrospectiva para el próximo febrero en Nueva York, donde vivió unos dorados y apasionantes años ochenta. Es una mujer de mundo. Su padre Jacobo  era un ser muy especial,  otro trotamundos. Con dieciocho años ya había vivido en seis países diferentes. No hay un día que no lo recuerde. Tiene una foto suya en su mesa de despacho. Tuvo una hermana, Alegría, que murió por tuberculosis. Será la protagonista de una película que dirigirá su hija que es actriz de cine y de teatro. Lleva la empresa desde Brooklyn. Su hijo Jaime, que vive en el aire, es un crack de los negocios. Un niño que no quería estudiar y sacó tres carreras en Boston. Elena es alguien diferente. Una genio. Tiene un poco de fotofobia , entre su saco de manías. El 20 de mayo de 1985 hizo su primer desfile en Nueva York. Hoy en día su prestigio internacional no le ha restado ni una gota de ilusión y curiosidad. Entre cafés y pitillos, extrafinos de Vogue, fluyen las más interesantes confesiones de una grande de la moda, y de la vida. Las más quedan en el off the record. Nada nuevo.

¿Le ha dado tiempo de volver a Marbella en estas vacaciones?

Si, aprovechando que se ha casado mi hermano. Aunque estoy cansada ya de Marbella, me gusta Tánger o irme a Nueva York a ver a mi hija y a mis nietos. 

¿Cómo era Elena en su más tierna infancia?

Insoportable, rebelde, pesada, caprichosa… Tenía unos padres maravillosos que me aguantaban todo. Era muy mimada. 

¿Cómo era el Nueva York de los años 80 cuando se inició en el mundo de la moda?

Una maravilla. Tuve mucha suerte porque me tropecé con Bárbara Probst Solomon me introdujo en toda la intelectualidad neoyorkina, conocí a tanta gente interesante, cenaba los 24 de diciembre en su casa con ella y todos sus amigos. Un “personajón”, un escándalo. Nueva York era el centro del mundo -lo sigue siendo-. Pero en los años ochenta fue el despegue más brutal que yo he visto en mi vida. Empezaba el Soho, se hizo el Village…

Mira que los cincuenta fueron apasionantes. Se ve en la serie que emiten ahora de Mad Men y fue maravilloso. Pero los ochenta fue algo impresionante. 

Una persona que viaja tanto ¿qué busca, qué encuentra en los viajes?

Los viajes me relajan mucho. Cuantas más horas paso en un avión, más me gusta. Me encanta estar en un avión, me puedo llevar diez, quince horas… leo, veo películas, duermo, como… me encanta.

¿Dónde te sientes más a gusto?

En Tánger estoy muy bien, quizás porque he nacido allí. Pese a tener un sentido de la orientación pésimo, me meto en el zoco y no me pierdo - y mira que hay callejuelas-. Y yo volví a Tánger gracias a Felipe González. Nací allí, me vine con seis años y nunca volví... Y hace veinticinco años, me dijo Felipe “¿cómo es que has nacido en Tánger y no has vuelto? ¿tú estás loca?”, entonces vino a buscarme a Marbella y me llevó. Fue cuando yo conocí Le Mirage. Que ya empezaba. Ahora se ha convertido en una locura. Pero entonces era pequeñito, era delicioso. Bueno, ahora sigue siendo una maravilla. Luego también es verdad que Tánger pasó una época malísima porque el padre del actual rey no le gustaba nada Tánger, entonces lo abandonó. Y, sin embargo, el padre el Rey actual le apasiona Tánger. De hecho tiene un bungaló en Le Mirage al que van mucho con sus hijos en su mujer. Hay playa privada, es muy especial.  

Es un privilegio el haber ido con Felipe porque se te abren todas las puertas porque es un club privado y no aceptan si no hay una recomendación previa. El haber ido de la mano de Felipe González, siempre es una seguridad. 

¿De quién ha aprendió más de todas las personalidades que ha conocido en todo el mundo?

Felipe. Sin ninguna duda. Gabriel García Márquez, Daniel Barenboim es un loco maravilloso, un sabio. Barbara Probst Solomon;  Pedro Almodóvar; Juan Gatti, que es como mi marido con el que viajo… Bibiana Fernández, que tiene una personalidad apasionante… Félix Sabroso y Dunia han sido muy importantes… Martirio… Tengo suerte que me rodea tanta gente interesante. Chavela Vargas cuando venía a Madrid vivía en la residencia de estudiantes y en mi casa. 

¿De quién ha aprendido más, de los locos o de los cuerdos?

Los genios están muy locos. Locos en el sentido que no son normales. La genialidad te hace ser diferente. Los sabios, los genios no son normales. No tienen horarios normales, tienen una disciplina especial. Gabriel García Márquez por ejemplo, se obligaba a escribir todos los días a las cinco de la mañana y se ponía una hoja por delante. A veces la rellenaba y otras veces las dejaba en blanco. A veces eran cinco horas escribiendo y otras no salía nada. 

Yo le mandé unas flores con carta a Barenboim después de un concierto. Le puse: “Para mí sería un placer que vinieras a cenar a mi casa. Tenemos muchas cosas en común”. Le di pistas que seguro le interesaron y le hablé de la complicidad que podía tener conmigo, con mi marido... En casa le presenté a Felipe y creamos una amistad muy profunda. 

Yo estaba impresionada porque él con cinco años ya estaba dando un concierto en Buenos Aires. Él me dijo: “Mi madres era profesora de piano y mi padre concertista. Cuando yo iba al colegio pensé que leer, escribir y tocar el piano formaba parte de lo mismo”. Él jamás lee una partitura, sólo para estudiar en casa. Son gente que te cuentan historias y alucinas. 

¿Si no hubiera sido diseñadora, qué hubiera sido?

Médico. Primero quise casarme y tener hijos antes de estudiar medicina, porque mi padre también quería que estudiara una carrera, pero empecé a trabajar...  

¿Qué momento vive la moda en la actualidad?

Muy confusa. Hay mucha creatividad en el mundo pero está muy confuso porque la gente se viste en Zara, se viste en Mango y luego se compra un bolso de Hermes o un abrigo mío. Van al accesorio caro pero muy poca gente se gasta el dinero en las marcas caras. Menos mal que hay un público nuevo, rusos, Chinos, indios ... que gastan.

¿El mundo la peletería está mermado por lo sintético o low cost?

En abosluto. Está en su momento más álgido. De hecho el precio de las pieles han subido un disparate. 

El mundo del lujo ha subido…

Claro, ¿no ves que han entrado los chinos y los rusos? Van a saco. Cuando una subasta está llena de chinos o llena de rusos es para echarse a temblar. Un visón que cuesta cuarenta dólares se va a ochenta. Es tremendo. Es una brutalidad cómo está el mercado.

¿Y la moda en general?

Está muy dispar, muy diverso, muy extraño. Para mí, en algunas cosas obsoletas, como por ejemplo Que tenga que haber un desfile en cada ciudad es absurdo. Antes tenía sentido porque los desfiles que veíamos no salían a la luz hasta seis meses después. Pero ahora lo ves en directo en el teléfono. Ante si tenía sentido. Claro. En los ochenta nos peleábamos en París para ver los desfiles de Claude Montana, Terry Mugler o Jean Paul Gaultier. Era complicadísimo, brutal y los desfiles eran un escándalo. Y enseñaban una ropa a un grupo muy reducido, compradores en su mayoría. Entonces veías un desfile que seis meses después iba a ver la gente. Pero ahora lo ven en el momento, en directo. ¿Qué sentido tiene? Está obsoleto. La única plataforma interesante es la de París. Porque están todos los compradores del mundo, toda la prensa se moviliza… Veremos ahora con el terrorismo sino se va a la mierda y se va a Nueva York porque Europa no está en su mejor momento.

¿Cuál es tu prenda fetiche?

Mi abrigo de visón negro. Me gusta el negro en invierno y en blanco en verano. Los colores los hago porque a los clientes les gusta pero a mí no. Yo prefiero blanco o negro. 

Ayer vi en su Instagram que quería, como Mafalda, bajarse de este mundo. ¿Qué está pasando?

Que todo está muy confuso. No hay líderes. Si comparas la etapa de Felipe con los líderes mundiales que había en ese momento… Es que eran de otra talla. No hay ningún líder. Felipe puso a España en el mapa. Cuando llegué a Nueva York me preguntaba que en qué parte de México estaba Madrid. Al lado de mi tienda había una bodega y yo veía vinos italianos y franceses. Y pregunté por los vinos españoles y me dijeron que no había. Llamé entonces a Felipe y le dije que esto no podía ser. ¿Sabes lo que me contestó?: “Pon tu de acuerdo a los bodegueros andaluces”. Porque se han despertado hace media hora, muy tarde. 

¿Quién ocupará la Moncloa después de Rajoy?

Yo lo único que aspiro es que haya un gobierno. Es vergonzoso lo que está pasando. La imagen fuera es tremenda, atroz. Vengo de Nueva York y el New York Times escribe unos artículos preguntándose ¿Qué pasa en España?

En Inglaterra ha habido un Brexit que es una brutalidad, y han tardado una semana en que haya un primer ministro. Aquí llevamos un año con un señor mudo instalado en el inmovilismo. Otro señor que es el de Ciudadanos que está intentando hacer algo y no lo consigue. Un absurdo como Pedro Sánchez que se niega a todo, que no hace nada y que por culpa de él no tenemos gobierno. Y ya no hablamos del coletas porque ni lo nombro. Porque eso es Venezuela.

¿Qué queda en el tintero de Elena Benarroch?

Mucha curiosidad. Lo que no he perdido, gracias a Dios, es mucha curiosidad. Me quedan muchas cosas por aprender, por ver. Me interesa la cultura, que junto a la sanidad, es uno de los pilares de un país. Lo mejor que se ha hecho en este país es apostar por ella y le debemos mucho a Felipe.

Este país ha tenido una transición ejemplar, un Rey ejemplar, un primer gobierno, como Suárez, ejemplar. Y Felipe que lo hizo todo: carreteras, Expo, Juegos Olímpicos, Ave, aeropuertos, auditorios, apostó por la cultura... ¡Cómo era ese primer gobierno de Felipe! con Miguel Boyer, Javier Solana… No es comparable a lo de hoy porque todavía son mucho mejor que cualquiera de los que están. Hay gente interesante en España pero la gente interesante ya no se dedica a la política. Porque tienes, o una prensa repugnante que te machaca, a un señor de hacienda como “Tontoro” que te persigue, tienes un sueldo bajísimo. Los presidentes deben cobrar diez veces más para que hagan bien su trabajo y luego no se tengan que buscar la vida dando conferencias. Felipe dice que es un jarrón chino “muy valioso pero que nadie sabe dónde poner”.

¿Qué papel juega la fe en su vida?

(Resopla) No sé si tengo fe en algo. Tengo instinto. Vivo el presente, el pasado no me interesa gran cosa y el futuro es muy incierto. Intento vivir el día. Tengo fe en mí misma, en mis hijos y en la gente más cercana que conozco.

¿Y la familia?

Depende.  Hay  familia elegida que son los amigos y hay familia que te toca, que algunos son fundamentales en tu vida, y otros no te interesan nada. Eso pasa en todos lados. Yo he tenido una familia ejemplar que me ha dado una educación extraordinaria. Genéticamente he tenido mucha suerte. Unos padres extraordinarios, unos tíos maravillosos. De ahí han salido primos y sobrinos extraordinarios. Mis sobrinos son como hijos. Y mis hijos son los más importante del mundo junto a mis nietos. 

¿Es la abuela que imaginó ser? ¿Una abuela con Instagram?

Si, tolerante, compresiva, dialogante (aunque mi marido dialoga más). Yo siempre he estado trabajando, por eso quiero ver la infancia de mis nietos ya que me perdí mucho la de mis hijos. 

¿Es feliz?

Si, muy feliz. Me siento muy privilegiada. 

¿Tiene algún secreto que no haya contado?

No tengo secretos. Soy muy abierta. Por norma general hablo cuando me preguntan. Lo que no debo decir, no se lo cuento a nadie. Y si he tenido una conversación con una persona más o menos conocida, no la cuento. 

¿Quién es Elena Benarroch?

Yo no lo sé. No tengo ni idea. Eso lo tienes que decir tú.

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