Alta Cocina: Juan Carlos Cabrera en La Flor de Toranzo

“Echo de menos la Semana Santa que yo vivía cuando no tenía esta responsabilidad”
Trabajador incansable y uno de los políticos mejor valorados del Ayuntamiento de Sevilla. Juan Carlos Cabrera hace un paréntesis en su intensa agenda de Cuaresma para ponerse el mandil en uno de los templos gastronómicos y sociales de la Sevilla de siempre: La Flor de Toranzo. Rogelio Trifón, padre e hijo, hacen de perfectos anfitriones en un lugar que huele a cantábrico en pleno centro de Sevilla desde 195

Trabajador incansable y uno de los políticos mejor valorados del Ayuntamiento de Sevilla. Juan Carlos Cabrera hace un paréntesis en su intensa agenda de Cuaresma para ponerse el mandil en uno de los templos gastronómicos y sociales de la Sevilla de siempre: La Flor de Toranzo. Rogelio Trifón, padre e hijo, hacen de perfectos anfitriones en un lugar que huele a cantábrico en pleno centro de Sevilla desde 1952.
Cabrera reconoce que «estar aprendiendo» a cocinar, «sobre todo por necesidades, que es como mejor se aprende. Y me gusta, la verdad». Lo compara con la política ya que en ambas cosas «hay que tener buenos ingredientes y después saber combinarlos para que todo salga bien». Para ello destaca «la vocación de servicio, capacidad de comprensión y realizar todo el esfuerzo posible». Pero, sobre todo, «se necesita paciencia para saber en qué momento tomar las decisiones».
Hablando del lugar, «hay que poner en valor lo que Trifón significa en esta ciudad». Destaca «la hospitalidad que tiene con el ciudadano y lo que el propio Rogelio significa, lo que lo queremos y valoramos. A eso se le suma la calidad profesional y personal».
Se sincera en este tiempo y sus obligaciones con el cargo: «Echo de menos la Semana Santa que yo vivía cuando no tenía esta responsabilidad. Por otro lado, es un orgullo controlar que la ciudad tenga todos sus servicios públicos disponibles y los sevillanos puedan disfrutar de su Semana Santa». Pero, ante todo y hablando de devociones, está su Esperanza Macarena que «es todo; es hablarle, pedirle, confesarle, es tenerla como madre. La que me ayuda y guía cada día».

Texto y Fotos: Javier Comas