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El tiempo no borra, ubica

Mario Niebla del Toro Carrión.

Director de la Revista Escaparate        

Vamos a querernos. Sí. Vamos a levantarnos de donde estemos y corramos a un espejo a observarnos y a observar detenidamente lo mucho por lo que tenemos que sentirnos únicos, incluso importantes, por tener interés, queridos incluso por nosotros mismos. No crea que me he vuelto loco. Aún no. Lo que pretendo decirle en este despilfarro de letras es que sin autoestima o con una autoestima dañada, como dice el doctor Luis Rojas-Marcos, es muy difícil sacarle a la vida satisfacción. Separar el hecho de la persona es un ejercicio que debemos practicar: Si lo que hemos hecho es un desastre en algún momento de nuestra vida no quiere decir que seamos un desastre. Tenemos que acostumbrarnos a no mezclar esos conceptos para no dañar nuestra autoestima. Una persona acomplejada puede ser muy peligrosa, pero sobre todo con ella misma y aquí de lo que se trata es de ser feliz, de hacer felices a nuestro entorno, de vivir felices con nuestra realidad, aprendiendo cada día a amar a nuestra vida como se ama en un amor idílico, incluso imaginario, con ese aura que saca lo mejor de nosotros mismos, en nuestra imperfección, que en sintonía con el universo imperfecto forma un ideal que roza la perfección asimétrica. Los genes son probabilidades y hay personas que genéticamente son derrotistas, negativas, llevan el pesimismo clavado en sus ojos, en sus palabras, en su vida entera empapada. También dicen los conocedores de la mente humana que nuestra hipotética predisposición para ver la vida llena de problemas y no de soluciones forma parte de una inmadurez cerebral, emocional. En ocasiones a todos nos toca tirar por la calle de los cuchillos, sobre todo cuando la vida nos va bien, algo devastador en una sociedad envidiosa y que no acepta el éxito ajeno. Es en esos momentos especialmente cuando le voy a invitar a ponerse a lo que ahora se dice mucho que es a empatizar. Cuando nos cruzamos con personas y situaciones que nos quieren robar la paz, hurtar la buena energía, arrebatar nuestra actitud, agredir nuestro karma, tenemos que mirarnos en ese espejo del que le hablaba al principio de este chaparrón de palabras para reafirmarnos de lo que somos y significamos y comprender que si el de enfrente actúa de esa manera tóxica es porque aun no ha llegado a su espejo para ser feliz en su realidad y no tiene la madurez emocional como para empatizar con nosotros. Ahí tenemos que ser conscientes, consecuentes y tolerantes porque no estamos en el mismo momento vital. Esa ventaja la tenemos que usar a su favor que será al nuestro, al de todos. No bajaremos peldaños vitales porque, insisto, de lo que se trata es de ser felices. La vida es más amplia y debe ser más serena. El tiempo normalmente juega su papel por su parte. El tiempo no borra, ubica. No podemos vivir en los blancos y los negros. La verdad de la vida se encuentra en los matices de la escala de colores, incluso dentro de los grises. Esta carta con la que destapamos nuestra edición monográfica de los trece premios de aniversario de este delirio grapado es una invitación a acudir a ese espejo y a resolver la inmadurez emocional que nos despista de quienes somos y de lo felices que podemos llegar a ser, incluso con nosotros mismos. Catapún, chimpún.