Entrevista a Farruquito

Farruquito

Farruquito

Bailaor

Quiere bailar en la Luna pero ya lo ha hecho en los teatros y auditorios más afamados del mundo, llevando al flamenco a las más altas esferas. De casta le viene al galgo y su familia tiene la fortuna de contar entre sus filas presentes y pasadas con muchos de los más grandes que ha dado el flamenco, como el más español de las Bellas Artes. Su abuelo Farruco fue el más grande bailaor que han dado todos los tiempos y él hoy en día y pese a su insultante juventud es el mejor considerado de la actualidad. Hace años que pasó por prisión y sigue pagando por ello cada vez que en España se le entrevista. Considera el flamenco como una filosofía de vida, la familia como una escuela de ella y ve la libertad como un baile por bulerías. Juan Manuel Fernández Montoya «Farruquito» nos abre las puertas de su corazón en una íntima entrevista a sólo unos días de ser padre de dos preciosas niñas, Triana y Manuela que, junto a «El Moreno», el primero de sus hijos; y su mujer Rosario forman una feliz familia de vida sencilla.

¿Quién es Farruquito?

Un muchacho al que le gusta mucho bailar, que le gusta mucho la música, el flamenco. Una persona comprometida con su profesión, comprometida con el flamenco en general. Me da mucha alegría cuando al flamenco le pasa algo bueno, no sólo a mí personalmente. Una persona luchadora y que todavía no está conforme con la situación del flamenco, con el sitio que debería tener o con la proyección que desde España tendría que tener el flamenco. Cuando se pone un pie en Argentina y en el aeropuerto suena Carlos Gardel me recuerda que eso no pasa con el flamenco en el aeropuerto de Madrid, Barcelona o Sevilla. Debería sonar Camarón o Paco de Lucía… Farruquito es alguien que lleva el flamenco en su corazón y en su día a día. Por lo tanto se alegra de lo bueno que le pase al flamenco y se entristece con lo malo o no tan bueno que le pasa. Podría decirte muchas más cosas…

¿Y quién es Juan?

Es alguien que tiene mucho que ver con Farruquito pero que de vez en cuando trata de desconectar de él para ser el niño que siempre ha sido, para estar en ambiente cómodo, familiar. Juan es el que acompaña a “La Canija” a comprar al Mercadona aunque me tenga que echar veinte fotos y le pidan autógrafos. Quiero seguir yendo al supermercado de mi barrio, de El Cerro, porque lo he hecho toda la vida y me sigue gustando. Voy a la plaza de abastos a comprar el pescado fresco. Al bar de “La Pili” a tomar café porque es donde me he criado y quiero seguir yendo. En ese ambiente me sigo sintiendo muy a gusto.

¿Cómo es tu vida familiar?

Como todo el mundo. Bueno como todo el mundo tampoco, como la gente de a pie (sonríe). Voy con “La Canija” a comprar y nos repartimos la lista. La gente me para y me dicen “¿qué haces tú aquí en Mercadona?”. Yo siempre contesto: “Pues lo mismo que usted, señora, comprando” (risas).

Claro porque tú eres de los que comes en torno a tres o cuatro veces al día.

(Risas).

¿Qué papel juega tu mujer en tu vida?

Es una persona muy especial. Yo la conocí cuando tenía doce años y yo tenía trece. Nos conocimos en la puerta de mi casa. Sigo viviendo allí, en el Cerro del Águila. Por detrás de la Plaza de Abastos en la misma calle de El Polvillo. No te pierdes… (Risas). Me ubicas rápido. La conocí siendo un niño. No hay una historia que yo le cuente o pocas, muy pocas, que ella no  me diga: “¡Claro, Juan, si yo estaba! No te acuerdas que además…”. Por lo tanto forma parte de mi vida jugando un papel importantísimo. Es más importante que el mío, porque con la cabeza que tengo y la doble vida…  Ella es una mujer con los pies en el suelo y que sabe tratarme y hablarme como nadie. Ella es la que tiene siempre el hilo de la cometa, con mucho cariño, pero es ella quien lo tiene.

Dijo la revista “People” que eras uno de los 50 rostros más bellos del mundo , ¿qué crees que hay de cierto en ello?

¡Yo qué sé! (risas). No puede ser así desde luego. Son anécdotas que pasan en la vida y que las guardo con cariño. La mujer que dijo aquello me vio bailar. La verdad que aquella noche en el City Center de Nueva York fue mágica. Esa noche pasó algo bonito. Yo me sentí muy a gusto. Tras la actuación ella se puso en contacto con la que era mi manager y amiga, Eva Rico. Le dijo que a parte de lo que le había gustado bailando me veía una belleza diferente, natural… Quería saber quién era mi estilista, si me maquillaba y a día de hoy sigo sin tener estilista.  Me visto y peino sólo y no me gusta nunca mi pelo. Yo creo que fue un cúmulo de cosas de lo que pasó, de lo que para ella fue en ese momento. Fue una belleza dentro del arte o quiero pensarlo así. No creo que sea por ser más o menos guapo. Siempre me lo he tomado con humor. No es una cosa por la que uno trabaja (sonríe).

¿Qué es ser flamenco?

Yo creo que ser flamenco es estar enamorado del flamenco de una manera en la que el flamenco te cala hasta los huesos. Ser flamenco no es saber bailar de una determinada manera para ser alguien o para llegar a un sitio. Ser flamenco es que te guste el flamenco por encima de todas las cosas. Te sientes flamenco porque vives en ese ambiente, porque has nacido en una familia flamenca como yo he tenido la suerte de nacer o porque te has arrimado a ese ambiente y te has impregnado de esa filosofía y esa cultura vivida. Para mí ser flamenco es una filosofía. Ser flamenco es lo mismo que ser “hippie”. Tú no puedes ser “hippie” hoy sí y mañana no o ser sólo cuando viajas con tus amigos “hippies” en caravana. Tú haces tuya esa filosofía y la vives.  Yo me siento flamenco como modo de vida, aunque no cante ni baile.

Una vez Cristina Hoyos me dijo que Antonio Gades fue el primer bailaor que cambió sobre un escenario la forma de vestir. Desterró la camisa de chorreras y modernizó el vestir de un bailaor al uso. “Elegantizó”  el baile…

Yo creo que el flamenco en estado puro es más elegante que cualquier otra cosa. Para mí la autenticidad tiene más peso y es más elegante que las modas porque las modas pueden pasar. Una camisa de lunares  siempre va a estar de moda en el flamenco, con todos mis respetos al maestro Antonio Gades. Sí es cierto que con su formación clásica pudo coger al flamenco y llevarlo de una forma más ordenada, más elegante. Se preocupó de vestir y de que se vistiesen sobre el escenario de una forma más elegante. Tenemos mucho que agradecerle a él pero yo sigo vistiendo con camisa de lunares y con pañuelo de lunares cuando tengo que salir a bailar. Es algo muy del flamenco.

¿A quién admiras?

A mucha gente. No las nombro muchas veces para no dejarme a nadie detrás. Los artistas consagrados todos sabemos ya quienes son. Los jóvenes siempre están muy presentes. Siempre nombro a José Maya, Pepe Torres, Juan de Juan, Gema Moneo… A parte siempre de mi familia… Para mí “El Farru”, “El Barullo” y “El Carpeta” que son con los que me siento más identificados. No porque sean de mi familia, sino porque considero que bailan muy bien, si no  seguro que no los nombraba y ya está. Me identifico mucho con el baile de personalidad, con el baile masculino, con el baile de hombre. Me gusta ver a un hombre bailar con un hombre y a una mujer con una mujer. Es verdad que a todos los flamencos que vemos, flamencos de condición y flamencos de formación, no podemos admirar de la misma manera.

¿Vive un buen momento el flamenco?

Por un lado sí, Mario, porque hay mucha gente que antes no tenía oportunidad y tenía talento y hoy tiene esa puerta abierta para poder contarle al mundo su inquietud y su manera de expresarse. Pero también vive un momento en el flamenco en el que todo vale y todo puede ser flamenco y cualquiera puede serlo. Parece  que todo el que empieza aprende antes a defender lo que se está inventando sobre un escenario que a aprender a cantar, bailar o tocar. La gente habla mucho de la formación clásica. Cierto es que hay que formarse pero nadie habla de la formación flamenca. No estoy de acuerdo con que un costurero tenga que saber hacer zapatos. Si es costurero que aprenda a coser. Para ser flamenco no tiene porqué recibir una formación clásica. Si lo está fenomenal, pero no es necesario. Hay quien no le da la misma consideración a quienes no tienen formación clásica. Carmen Amaya no hizo clásico nunca. Farruco no hizo clásico nunca tampoco. ¿Eran menos Carmen Amaya o Farruco que Antonio Gades? Antonio Gades dijo de su propia boca en una entrevista  algo así como que un sólo taconeo de Farruco equivale a toda una coreografía entera de sus espectáculos. Eso lo dijo el maestro Antonio Gades, no lo digo yo. Por algo sería. La gente tiene que darse cuenta de que no todo vale. No todo el que se pone una camisa de lunares es flamenco y si es con cresta, con pantalón de licra y camiseta ajustada, es moderno y flamenco. No, señor. Hay muchas cosas que son básicas en el flamenco. Hay que leer la historia desde el primer capítulo y deberían muchos preocuparse por conocerla. Dicen que sobre el gusto no hay nada escrito. Incierto, será que no lo habrán leído pero escrito está. Claro que hay mucho escrito sobre el buen gusto para hacer las cosas y también en el flamenco. Por todo ello a mí el momento que vive el flamenco no me gusta. Hay gente que tiene mucho talento y que por tener una estética que no está de moda y no llama la atención. Como no sean muy aficionados no saben identificar quien es bueno o malo en esto. Se quedan mucho en la estética con el típico amigo o asesor que le recomienda tal flequillo o tal chaqueta con un aire muy coplero y se hace Tomás Pavón. Hay muchos que se creen estar al nivel de Tomás Pavón, Pepe Pinto, La Niña de los Peines, Chocolate, Fernanda de Utrera… Los que saben de lo que estoy hablando porque no han entrado en esa dinámica no llegan a nada. Eso a mí me duele. No hablo por mí que sí que tengo el reconocimiento. Hablo de compañeros.

¿Hay mucho marketing que tapa mucha verdad?

Exacto. A ver, yo estoy muy de acuerdo con que el marketing tiene que estar en este mundo también. Ya era hora de que a un flamenco se le tratase como  a un artista más. Ni más ni menos. De hecho, cuando veo a un artista bien llevado, bien vestido… ¡Olé! Y si le puedo preguntar que cómo lo hace lo hago. Pero después de eso tiene que haber una verdad. La verdad tiene que residir en el artista. Si a eso le sumas la luz, la escenografía, la puesta en escena… ¡Gloria bendita! El artista debe ser el verdadero espectáculo. La gente parece que no se quiere dar cuenta de esto. ¿Cuándo vale todo? Cuando no hay un público formado. Esto es una reivindicación como español,  como andaluz y como flamenco para poner en valor lo que estamos consumiendo realmente. Admiro mucho, sin embargo, a todos los que trabajan en marketing, porque antiguamente los artistas no tenían eso. Estoy hablándote esto y me estoy acordando de mi abuelo Farruco. Ojalá hubiese tenido él a alguien que lo hubiese orientado y ponerlo en el sitio del artista que era. Auténtico.

¿Quién fue Farruco?

Un hombre rebelado con la vida por lo que le había tocado vivir. Un creador nato. Alguien que jamás dio una clase con nadie. Se atrevió a crear una escuela y un estilo del que a día de hoy seguimos viviendo. No sólo su familia. Fue un genio.

¿Qué aprendiste de él?

Su filosofía. Él me enseñaba hablándome. Él me puso pocos pasos, por la edad que tenía ,pero me enseñó la esencia de las cosas. Cuando me doy cuenta de cosas en la vida o en el arte siempre acabo diciendo: “¡Ah! Por eso mi papa Farruco me decía esto. Ahora lo entiendo”.

¿Cuándo te ves más Farruco?

Hombre, en el escenario, sin duda. Y cuando defiendo lo mío. No era una persona que cambiara su identidad por el momento que estuviese su profesión. Su profesión tuvo muchos altos y bajos pero él siempre fue el mismo. Él siempre decía: “A mí me da igual el dinero. Yo llevo toda la vida pasando fatigas, pero a ti (y me señalaba a mí o a mi madre) o a vosotros os mirarán con otros ojos “. Muchas veces  caigo en que prefirió no tener el sitio que debió tener por ser como era pero se preocupó de trabajar y de enseñarnos para que a nosotros efectivamente nos miraran de otra manera.

¿Hace falta pasar fatigas para ser un gran artista?

No, pero a la persona que le cuesta conseguir las cosas y vive de una manera intensa el aprendizaje hasta llegar, escalón a escalón, peldaño a peldaño, subiendo poco a poco; cuando llega arriba lo ve todo de otra manera. Tú coge a un niño y dáselo todo. Consiéntelo. Podrá apreciar las cosas pero tiene muchas probabilidades para que no. Tú en cambio coges a un niño lleno de cariño y de amor y con todas las comodidades a tu alcance pero siéndole realista y honesto el niño es más fácil que salga de otra manera. Yo tengo que vivir siempre siendo comparado con mi abuelo, con mi padre… Soy el nieto de, el hijo de… Además soy gitano… Ahí hay una serie de dificultades para subir los escalones. Cuando los subes poco a poco entonces te sale la vena “farruca” y entonces no te bajas tú… (risas). Yo si no paso por bajar escalones aunque sea por ganar dinero te hace pasar mucha fatiga. Te voy a hablar claro. Económicamente no he hecho más de dos cosas haciéndome falta porque he considerado que me estaba engañando y que me estaba negando a mí mismo. Eso lo he aprendido de mi abuelo y de mi gente.

¿Qué nos distingue a los gitanos de los payos?

Una serie de costumbres, de tradiciones, pero nada más.

¿Qué tienes de gitano además de lo evidente encima de un tablao?

Yo todo. Yo soy gitano cien por cien. Porque vengo de muchas generaciones gitanas. Ser gitano es una filosofía. No quiere decir que por nacer de unos padres gitanos y por venir de una sangre gitana te puedes considerar más o menos gitano. Tiene que ver un poco con la forma de vida. Puesto que la vida ha cambiado tantísimo, yo ya no tengo nada que ver con mi padre. Él a su vez no tenía nada que ver con el suyo. Todo ha evolucionado mucho. Tiene que ver con la manera de expresarnos, en algunos gustos… Pero sobretodo es una forma de ver la vida. Me da mucho que pensar cuando escucho a gente decir: “Mira cómo va ese de mal, va hecho un gitano”. Tengo muchas fotos de mi bisabuelo que, pobrecito, sólo tenía un traje, pero había que ver cómo le sentaba el traje al gitano. Impecable, con los cuellos blancos almidonados, con reloj de bolsillo. Muy limpio siempre. Sus calcetines eran blancos muy blancos cuando tenían que ser blancos y negros muy negros cuando tenían que ser negros. No había duda (sonríe). Se paseaba por la feria de ganado, porque él era tratante, y tenían que volverse muchos señoritos y no señoritos a ver quién era ese gitano. Era un flamenco muy impecable. Era un señor.  Hay muchos que están muy antiguos de mente. Los tópicos son de otro tiempo.

¿Si no hubieses sido bailaor qué hubieses sido?

Músico seguro. Bueno, o a lo mejor hubiese sido poeta, artista. Algo del arte porque me gusta también mucho la pintura. Seguro que hubiese sido artista en cualquier caso porque me siento a gusto en un ambiente de arte, de romanticismo. Para mí el arte tiene mucho de eso.

¿Quién es Manuela y Triana? 

Mis dos niñas que tienen dos semanas. Las que no me dejan dormir por la noche. Son muy bonitas como su madre, “La Canija”, Rosario…

Como mi madre

Y como la mía

¡Olé! Juan, ¿qué es para ti la libertad?

Para mí la libertad es bailar por bulerías. Eso es la libertad.

Desde luego el baile si no es libre no es baile, es una coreografía…

No es flamenco. Exactamente. Por lo menos no es flamenco.

Es inevitable hablar del tema porque por lo visto es lo que interesa de ti… Estuviste un tiempo en prisión, ¿En ese tiempo ensayabas, taconeabas?

Claro, siempre, siempre. No he podido dejar de hacer eso nunca porque, entre otras cosas, es lo que me da para buscarme la vida.

¿Tenías tiempo para ensayar en la cárcel?

Imagínate. Había tiempo de sobra, hijo… demasiado tiempo. Tiempo de sobra.

¿Hiciste amigos en la cárcel?

Muchos. De hecho me sigo viendo con algunos de ellos.

¿Cómo te cambia la visión de la vida tras tu paso por la privación de libertad?

Pues te cambia mucho, muchísimo. Te hace pensar otras cosas que antes no pensabas. Te hace apreciar otras cosas. La libertad misma. Un paseo con tu familia, estar con ellos. Poder llamarlos por teléfono cuando quieres y no cinco minutos al día. Esas pequeñas cosas para quien  no ha vivido lo que yo a lo mejor no se perciben igual. Yo, hoy en día, cuando cojo un avión para trabajar fuera, pienso en mi niño, mis niñas, mi mujer… Antes les echaba de menos pero no es lo mismo.

¿Has crecido personalmente?

¡Hombre, claro! Por supuesto. Te centras cada vez más en cómo ser mejor persona. Disfrutar cada día intensamente. Intentar ayudar a quien te necesita. Tengo que decirte que, aunque esté mal hablar de uno mismo, siempre he sido una persona que me he comprometido con mis amigos, con mis compañeros, con el arte… Siempre que ha estado en mi mano he ayudado… Cuando te pasa una cosa así, imagínate. Uno empieza a pasar del interés artístico, del interés de cualquier tipo. Vas a la esencia, a las cosas importantes. Las cosas importantes son muchísimo más importantes. Por ejemplo, hablándote de la profesión porque llevo toda la vida en esto, a mí me habían ofrecido hacer cosas que yo antes había dicho que no por el mero hecho de pensar en ese momento que artísticamente no me interesaba. Hoy no hay una propuesta de una persona que me llame con ilusión y me diga que tiene muchas ganas de hablar conmigo para algo que, por lo menos, no me siente a escucharla. Pueda hacerla o no, me siento con quien sea. Pienso mucho más en las personas y me pongo en el lugar de el de enfrente. Mucho más. Es muy complicado explicarlo pero sí, te da un vuelco la vida.

¿Es cierto que los personajes famosos tenéis que pagar un peaje más caro por los errores?

Siempre.  Me lo puedes contestar tú. Después de doce años sigo pagando por ello de alguna forma. Cada vez que me entrevistan sale el tema. En cambio tú, cuando te compraste las alpargatas de esparto que traes puestas, las pagaste y hoy cuando te las has puesto no has tenido que pagar por ellas. Yo siempre que salgo tengo que pagar por ello.

¿Estás cansado?

Más que cansado. Ni siquiera ya procede. Ha pasado mucho tiempo. No es el único capítulo de mi vida personal. Ni ese, ni la boda que es lo que pregunta todo el mundo o la prueba del pañuelo… (sonríe).

Sería esta entrevista demasiado obvia…  

¡Menos mal! De algo me libro esta vez… (sonríe).

¿Te sientes maltratado a nivel artístico después de todos estos años por este episodio de tu vida?

¿Sabes lo que pasa? Yo no quiero sentirme maltratado ni mucho menos porque soy una persona que comprendo y considero. Soy consciente de todo y más de este error tan gravísimo. Lo que no entiendo es la parte de la profesión. Si yo profesionalmente hubiese tenido un error lo entendería. Pero ahí nunca he fallado. Una persona es Juan y otra es Farruquito que está encima de un escenario.  Personalmente he pagado y sigo pagando. Por lo demás mi vida ha sido una dedicación a mi profesión y a mi familia. No he hecho otra cosa en mi vida. Desde los cuatro años que me enamoré del flamenco. Yo no he hecho otra cosa que vivir para mi familia y mi profesión. Han salido miles de imágenes mías. Jamás ha salido una mía drogándome, ni peleándome con nadie, ni con una “quería”… En la vida. Esto que me pasó fue un accidente. Es algo que me pasó a mí. No es que un día te peleas con alguien y le das un mal golpe, que le ha pasado a mucha gente toda la vida y no ha cogido esta dimensión. No eran personajes conocidos.  Yo soy el primero que tiene que aprender a seguir. Yo soy el primero que tengo que aprender a seguir para adelante.

¿Cuándo te dejaremos de preguntar los periodistas por el mismo tema siempre?

¿En España? En España va a tardar mucho aun. Cuando dejen de preguntar siempre habrá alguno que me diga: “Después de tantos años sin hablar de este tema…”. En España siempre. Sin embargo fuera no. Yo hago muchas entrevistas fuera y nunca me preguntan por eso. Puedes ver la del otro día de Jaime Bayly. En Argentina igual hace días igual. Todo lo contrario, me preguntan por la composición de mis espectáculos, por el flamenco…

Has actuado en Londres, Nueva York…  Por los cinco continentes. ¿Qué te gustaría hacer que aun no hayas hecho en tu carrera? 

Muchas cosas, muchas. Me gustaría bailar en la Luna. Es una de las cosas que a mí me encantarían. Porque los gitanos venimos de la Luna y tenemos que ir allí a bailar. Tenemos que volver a nuestro lugar de procedencia.

Yo os acompaño sin cobrar.

¡Ea! Pues tú te vienes.

¿Eres coqueto?

Un poco sí. No soy metrosexual pero sí.  Sí, me gusta verme bien. Entre otras cosas porque tengo que verme muchas veces. Todos los días además. Yo me aburro. De vez en cuando me corto el pelo de otra manera…

¿Usas crema?

Lo normal. La Nivea de toda la vida. Algunas veces mi mujer me dice: ¡Échate esta que me han dicho que es muy buena! Yo me echo la que me dé ella. Tampoco soy muy “tiquismiquis”.

¿Haces deporte?

Sí. Pero te confieso que no hago todo el que debería por falta de tiempo. Siempre tengo algo. En la casa tengo tres máquinas para hacer deporte.

¿Cuánto tiempo dedicas a ensayar?

Según para lo que me esté preparando. Si estoy preparando un espectáculo me puedo pegar seis o siete horas. Si no me puedo pegar dos. Si no, doy clases los martes y los jueves un par de horas. No dejo de bailar ni una semana. Hay días que no me pongo las botas porque estoy componiendo, escribiendo, en el estudio de grabación o reunido como hoy contigo toda la tarde ocupado. Y de aquí me tengo que ir a otro sitio.

¿Qué te da miedo?

Lo que está pasando en el mundo Mario.

Eso lo decían Lole y Manuel en una letra…

(Cantando) “De lo que pasa en el mundo, ¡por Dios!, que no entiendo ná. El cardo siempre gritando y la flor siempre callá. Que grite la flor y que se calle el cardo y to el que sea mi enemigo sea mi hermano…”

¡Olé!

Me da mucho miedo lo que pasa en el mundo como Tierra. Estos cambios climáticos tan raros… Que nadie entiende pero que esto acabará pegando un “explotío”. Y lo que pasa con la gente, con las personas. Cada uno quiere vivir por su camino, como si viviésemos solos, organizándonos la vida como si fuésemos eternos. Nos preocupa más donde queremos llegar sin saber de donde venimos muchas veces. Queremos ver los ojos que tendrán nuestros tataranietos y no le hemos mirado una vez a los ojos a nuestras abuelas.  De esas cosas me da mucho miedo. Estamos deshumanizándonos. Nos hace dejar de ser personas. Tenemos que estar en contacto con la realidad, con la naturaleza. La vida creo que es otra cosa. Mucho más cercana de lo que soñamos. El sueño a veces es lo más real que existe pero soñar es soñar. Hay que soñar  con lo que uno es no con lo que no somos. Acabamos olvidándonos de quienes somos. La realidad no puede ser un sueño. Tenemos que tener claro cuál es nuestra misión en el mundo para arrimar el hombro y ayudarnos los unos a los otros.

Todo el mundo conoce tu compromiso con la familia. Muy de la raza gitana ¿Qué es para ti la familia?

El compromiso es muy de nosotros. Hay muy pocas gitanas viejas en los asilos. No conozco a ninguna. Digo muy poquitas porque las habrá pero yo no las conozco. Las gitanas mueren en casa de sus hijos. Si no de uno de otro y si no de un sobrino. Las gitanas se mueren en las casas de nosotros. Las gitanas viejas no mueren solas después de habernos dado tanto. Eso es ser gitano. Ser gitano no es otra cosa. Es eso. El que es un maleante y un chufla lo es. No porque sea gitano, sino porque lo es. Cuando hay una pelea de gitanos es una reyerta. Todas las cosas malas son “como gitanos”. Los gitanos no somos estafadores, que engañamos, que robamos. No me considero tanto un patriarca como la gente piensa. Es verdad que un día mi abuelo dijo que Juan era quien tenía que seguir con la historia. Pero mi familia es una piña. Yo para ellos y ellos para mí. Mi madre lo que dice se le escucha. Lo mismo ocurre con mis hermanos o mi tío Manuel. Yo vivo con mi mujer y mis tres niños, Juan “El Moreno”, porque le decimos como a mi padre; mi Manuela y mi Triana. Mi madre en su casa y todos en la suya.

¿Tienes una receta para ser feliz?

No tengo una receta fija pero sí voy buscando los ingredientes siempre. Todo parte de las cosas pequeñas, de las cosas sencillas que a uno le llenan el alma. No conozco la rutina del vivir. Soy una persona que me aburro muy pronto y busco en cada día la novedad. Quizás uno de los ingredientes que tenga para esa receta de la felicidad sea la ilusión y los colores. Ambas cosas las necesito. Yo no puedo vivir del mismo color siempre y con el mismo compás. Yo tengo que cambiar de palo. Todos los días no puedo vivir sólo por soleá, por alegría, ni por tangos. Mi corazón va siendo camaleónico para ser feliz cada día.

¿Qué te ha hecho más daño la verdad o la mentira?

La mentira siempre. Siempre. Yo tengo una letra que dice: “¡Qué sufrimiento! Como la verdad te duele te tengo que andar mintiendo!”. En cambio yo sufro más con la mentira. La verdad es verdad y no nos tiene que hacer daño. Tiene que enseñarnos como una vieja que nos da en el cuello y nos dice: “Te lo dije”. ¿Y hay algo más feo que engañarse uno mismo? La mentira y la blasfemia son feas hasta para pronunciarlas. Más daño hace sobre todo cuando estás y nunca mejor dicho en un escaparate…

¿Tu plato favorito?

Patatas fritas con huevos.

¿Un color?

El blanco.

¿Un día de la semana?

No te sabría contestar.

¿Un día del año?

Es que se me vienen nada más los días tristes. Un día del año… El treinta y uno de diciembre, porque estamos toda la familia juntos y, aunque luego no lo cumplamos, nos prometemos cosas muy bonitas.

¿Un personaje histórico?

Es muy evidente que diga mi abuelo Farruco pero es el más cercano que tengo.  Te hablo de él porque ese sí que fue un patriarca y un ejemplo a seguir en muchos sentidos. Junto a él mi padre. Él era otro personaje histórico. Un caballero con una dulzura extraordinaria con una disciplina… Analfabeto pero súper inteligente.

¿Una frase?

¿Mía?

No hace falta.

Tengo muchas. Leo mucho a Óscar Wilde. Einstein tiene grandes frases. Estoy buscando una mía… Es una frase que resume muchas ideas: “Piensa de mí lo que quieras, que esto que a mí me ha pasado le puede pasar a cualquiera”.

Buena. Además esa puede entrar por bulerías…

Y por lo que quieras… No te la voy a cantar porque estás grabando (risas).

¿Un libro?

Manual del Guerrero de la Luz de Paulo Coelho. Me ayudó mucho.

¿Una manía?

Peinarme un millón de veces antes de salir a bailar y siempre salir despeinado (risas).

Por último, ¿un secreto que no hayas contado nunca?

¿Y lo tengo que contar aquí? (sonríe). Entonces no es un secreto. Yo no soy muy de secreto… Un secreto… Una cosa que nunca he contado y que a lo mejor es una tontería es que muchas veces creo cuando estoy solo, solo, solo, que alguien me ve y dejo de comportarme como estaba comportándome porque me siento observado. Y sé que estoy solo. Lo mismo estoy cantando solo y me siento como en El show de Truman de Jim Carrey. Me da miedo.

Eso me pasa a mí también pero porque efectivamente no estamos solo. Nos están vigilando desde arriba. 

Muy bonito eso. Quiero pensar como tú.

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