Entrevista a Joaquín Pareja-Obregón

Joaquín  Pareja-Obregón

Joaquín Pareja-Obregón

Ganadero, empresario y rejoneador

Joaquín Pareja-Obregón lleva una zapatilla de cada color. La mujer de la tienda dónde las compró le sorprendió tanto que le dijo aquello de “es usted muy atrevido”. A lo que el artista contestó “no sabe usted cuánto”. Destila en su personalidad todo lo añejo de su apellido y lo trasgresor del artista que lleva dentro. Luce una cola al modo de los toreros del XIX, como su bisabuelo “El Espartero”. Este pianista parece, en parte, salido de un cuadro de García Ramos pero su vida tiene mucho de la bohemia y el surrealismo de Dalí. 

Dicen que los niños vienen con un pan bajo el brazo salvo usted que me dice que vino con un piano

En mi casa había un piano en el que mi padre componía. Cuando nací estaba allí y desde pequeño crecí bajo su sonido.

¿Cuál fue la primera melodía de la tiene conciencia de haber escuchado en ese piano?

La “sevillana de los baldíos”, que compuso mi padre. También recuerdo mi infancia con cánticos religiosos o canciones de niños…

¿Cómo era el ambiente de su casa? Porque aquello tenía que ser un ir y venir de artistas…

Por mi casa pasaron todos los artistas del momento. Recuerdo al maestro Quiroga, Rafael de León, Lola Flores… Recuerdo el revuelo que se formó en la calle el día que vino Marisol, con la puerta de la casa llena de niños que querían verla…

El año pasado se cumplieron 20 años del fallecimiento de su padre, ¿cómo le recuerda?

Era ingenioso. Estaba todo el día inventando para que su vida no fuera monótona. Era divertido, le encantaba bromear.

¿Ha sido Sevilla justa con su memoria?

El pueblo, sí; pero no puedo decir lo mismo de la Junta o del Ayuntamiento. Mi padre no tiene la medalla de Andalucía ni la medalla de la Ciudad. Y, sin embargo, la historia lo reconoce como el padre de las sevillanas. Murió teniendo, únicamente, el reconocimiento del pueblo que, para mí, es el más importante.

¿Su padre veía con buenos ojos que usted fuera artista?

En una familia que ha tenido tanto dinero que un hijo “trabajara” no era bien visto.

Tengo entendido que ni le enseñó a tocar el piano y desaprobó que usted debutara en aquel bar de El Rompido

Me dijo que como me pusiera a tocar el piano por las noches en un bar iba a coger la escopeta y pegarme dos tiros. Y yo le dije: “pues ve cargando la escopeta”. Pero, ciertamente, con el tiempo me dijo que estaba muy orgulloso de mí.

¿Cuándo tuvo claro que se quería dedicar al mundo de la música?

Realmente nunca lo tuve claro. Es más, yo no quería dedicarme a esto. Pero la gente decía que era el último pianista flamenco que quedaba y eso me animó a seguir.

Usted sabía de las dificultades de este mundo y, a pesar de todo, se atrevió…

Porque yo vivía en una burbuja. Pensaba que no había más mundo que mi casa, rodeado de artistas siempre.

A qué se hubiera dedicado si no llega a ser pianista

Me gustaba ser actor. Mi madre se dedicaba al teatro. Ella era de Castilleja de la Cuesta y allí hacía teatro… hasta el día que conoció a mi padre, que la retiró.

Después de casi 40 años dedicado a la música, ¿se arrepiente de algo?

Me arrepiento de haber trabajado gratis tantas veces. Una cosa son las colaboraciones que hacemos con acciones solidarias y otra cosa la cantidad de gente aburrida que hay en sus casas organizando galas para gente que está viva, para gente que está muerta, para revivir a las muertas y volverlas a enterrar (bromea).

Que a veces abusamos, vamos. 

Se abusa. A veces tienes que decir que no. Pero yo, por ejemplo, colaboro con la “Asociación Hispano-marroquí ningún niño sin techo” a la que el gobierno de Marruecos y la Junta han dejado sin ayudas. Y, también, con la “Asociación Un Sí a la Vida-Unidos contra el Cáncer”.

¿Qué locuras ha hecho con el piano?

Me he llevado un piano de cola en cinco ocasiones al camino. Y en mitad de la Raya, o de una pará lo he estado tocando. O, al alba, cuando los piteros despiertan a los romeros y se hablan entre ellos con la flauta, yo les he contestado con el piano.

¿Qué es lo más surrealista que le ha ocurrido en su profesión?

Caerme con el piano al río Guadalquivir, en julio de 1988.

Cuando usted se cayó al río con el piano fue portada de ABC

El día que ganó Perico Delgado el Tour de Francia, el que salió en la portada del ABC fui yo. Y él en un recuadro pequeñito.

¿Qué pasó?

Los Morancos pusieron un chiringuito en la Feria y se puso de moda al año siguiente una serie de bares a la orilla del río, en el muelle de las Delicias. A mí me contrataron para hacer un espectáculo para tocar el piano suspendido en el río sobre una plataforma “con una especie de palio” sujetado por una grúa. El conductor de la grúa no era profesional y por una imprudencia me hizo caer.

¿Se ha vuelto usted a subir a una grúa para actuar?

No. Pulpón me ofreció una gira por los estadios cayéndome. Pero le dije que mi vida no era caerme de un piano sino tocarlo.

La que se hubiera formado hoy en las redes sociales…

Hoy estaría en Sálvame todos los días (risas). Al día siguiente me fui a la playa, a navegar y me encontré toda la playa en pie aplaudiéndome.

De todas formas, lo más peligroso de esta profesión no son las grúas, ¿no?

Mi bisabuelo “El Espartero” acuñó aquello de “Más cornadas da el hambre”.

Si fuera usted un médico, ¿qué diagnóstico haría del mundo de la música actualmente?

Le recetaría una buena dosis de cultura.

Los programas de talentos, ¿ayudan o engañan a los jóvenes? (o las dos cosas)

Es un negocio de cuatro o cinco personas. Todo o casi todo es mentira. Chavales que se hacen muy populares en poco tiempo pero después nos acordamos de muy pocos.

¿Dónde está el enemigo de la música?

En la ducha. Todo el mundo que canta en ella se cree que puede ser artista

Hace unos meses hubo una iniciativa que salió a la calle en defensa de las sevillanas. ¿Las sevillanas hay que defenderlas o se defienden solas?

El sevillano debe defender su identidad. Y defenderlas siempre es bueno.

¿Hemos abusado de las sevillanas y por eso suceden estas cosas?

Se ha abusado. Y la gente de fuera, incluso, la ha desvirtuado poniéndole nombres rarísimos como “rocieras”.

¿Qué se sevillana metería en manteca para que nadie la estropee jamás?

“Lloran los pinos del Coto”

Ante una catástrofe, ¿qué objeto de su casa salvaría?

Algo que se pueda vender, porque ante una catástrofe siempre te va hacer falta algo que te salve del hambre.

¿Qué le pide a Dios?

Justicia porque creo que, a veces, estamos olvidados de su mano.

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