Entrevista a José Antonio Morante de la Puebla

Morante de la Puebla

José Antonio Morante de la Puebla

Torero

Vuelve a una Sevilla expectante tras dos años de castigo para un afición que lo siente como su torero. Sevilla muere con Morante y Morante muere con Sevilla hasta el punto que no recuerda el torero un día más feliz en su vida que el día que abrió de par en par la Puerta del Príncipe de los maestrantes, como lo que es, un héroe. Dos años de mal entendimiento con parte de la dirección de la empresa gestora del coso de la Real Maestranza ha sido el peaje que la afición ha pagado hasta volver a verlo hacer el paseíllo el Domingo de Resurrección. Morante es triunfante en la plaza, poderoso como su admirado Joselito “El Gallo”, pero es materia sensible que encuentra en la soledad y en el silencio a su verdadero yo. En Sevilla no se habla de otra cosa: Morante ha vuelto a la Maestranza.

Morante, Morante de la Puebla… ¿quién es Morante de la Puebla?

Ese soy yo (risas). Bueno, un torero y, no sé, con unas características personales propias del ser humano. Cada uno tiene su distinta personalidad, sus formas, pero sobre todo un torero.

¿Quién dice la gente que es Morante de la Puebla?

(Silencio). No sé, hombre, dirán de todo. Algunos dicen que soy un poco atrevido, pero tampoco puedo quejarme por ello por la forma con la que lo dicen. Siempre lo siento desde el respeto. Siento mucho más la admiración y los halagos que aquello que dicen quienes no comparten mi forma.

¿Tenía ganas de volver a Sevilla?

Claro, muchas, siempre. Siempre se tienen ganas de torear en Sevilla y más después de dos años sin venir siendo además de aquí, aun más si cabe. Llegó un momento en el que no se podía consentir una serie de cosas que entiendo intolerables y decidimos por eso no venir. Ahora las cosas han cambiado y aquí estoy de nuevo.

¿Merece la pena arriesgar la vida por una tarde de gloria?

Hombre, pues si me lo preguntas a mí te diré que sí. Si se lo preguntas a alguien a quien no le gustan los toros te dirá que es una locura. Yo creo que el toreo es una profesión muy vocacional. Yo a veces la comparo con la de cura. Si no tienes una vocación muy fuerte no aguantas, porque es una profesión muy difícil, donde el miedo a perder la vida es constante y a la vez la continua la exigencia del público y de los demás compañeros. Es difícil aguantarla. Tienes que tener una vocación muy fuerte o casi ni empiezas o si no pasa lo que te pasó a ti, que te quitó la afición con una becerrita (risas).

¿Qué piensa de los anti taurinos?

Entiendo que no gusten los toros, que no compartan esta afición, que quizás la detesten, pero el toreo es un ejercicio tan arraigado a nuestra tierra y a nuestras costumbres que sólo puede revelarse de una forma violenta a aquellos que odian a España. Siento que el anti taurino que es el que vemos en muchas plazas es un resentido de su tierra. Veo en ellos el odio como si yo estuviese sellado con esos calificativos propios del señorito ganadero, torero, hombre rico o de postín y para nada me siento identificado con nada de eso. Soy una persona que nací en una familia muy humilde que, por mi vocación a los toros, a la cultura que yo sentía he llegado a más. Los anti taurinos ven a los toreros y ganaderos como a unos señoritingos y eso me duele, porque soy una persona normal. Vine al mundo en una familia humilde que ha sabido poco a poco salir adelante, que ama a los toros y que gracias a Dios he tenido éxito en mi profesión.

¿Le gustan los toros nobles y muy poco los de arrancada corta, no?

Nobles sí, de arrancada corta, la prefiero cuanto más larguita mejor, no vaya a ser que se quede muy cortito y se fijen en las zapatillas y no de tiempo a colocarme para el segundo pase (risas). El toro me gusta bravo y noble. Después de cada toro, cada día, del público, del torero depende mucho. Me gusta el toro bravo porque tiene una belleza tremenda. Me encanta cuando los toros bravos se arrancan de largo cuando se les cita en el caballo y meten los riñones. Un toro bravo, a poco que sientas esto, te hace hervir la sangre.

Siempre se ha dicho que el único que tiene vergüenza en el toreo es el toro…

Eso se ha dicho siempre pero creo que como en todas las profesiones. El toreo es una lucha por abrirte camino y cada uno tiene la suya y todos no pueden estar. Entonces cada uno utiliza sus artimañas para que te ayuden hasta el momento crucial en el que te pones delante de él. Ahí sólo hay pureza. Lo que sí es cierto es que todos quieren estar mejor que el resto. La competencia es muy sana y es muy necesaria para que haya pasión en los tendidos. El dicho ese de la vergüenza lo suelen decir los que han fracasado.

¿Cómo es su lado más canalla?

Yo no soy canalla. Me gusta reírme, bailar, disfrutar pero no tengo muy desarrollado ese sentimiento o esa actitud (sonríe).

¿Qué hay que hacer cuando a uno lo desarma un toro?

Pues rápidamente coger mejores posiciones para volver a armarte (risas).

¿Qué haría Joselito «El Gallo»?

Yo creo que a Joselito jamás lo desarmó un toro. Creo que era tan grande y tan rey que nunca se vio en la tesitura. En los vídeos que he visto de él jamás le he visto en un desarme. Quizás los habrá tenido pero no se me pasan ni por la cabeza. No veo a Joselito desarmado delante de un toro.

¿Quiénes son los grandes del toreo?

Para mí Joselito es el rey, el más grande de todos. Juan Belmonte, de ahí hacia detrás. Hablan de «El Guerra» que era un torero muy poderoso. Lagartijo, Frascuelo, mucho más atrás Pedro Romero… Son toreros que se nos quedan muy lejos porque ni siquiera de algunos hay fotos. De Joselito para acá Manolete, Ordóñez, Pepe Luis Vázquez… Muchos pero que hayan avanzado más ninguno. Manolete sí que dio un paso más allá. Se estaba más quieto. Era un torero comprometido. Paco Ojeda es un torero que ha marcado un antes y un después. De los últimos quizás José Tomás, pisó por primera vez unos terrenos que hasta él nadie había pisado y aunque ahora lo pisan otros él fue el primero en conocerlo. Se me olvidarán muchos. Ordóñez tenía un señorío y una naturaleza inigualable. Rafael Ortega fue un grande.

¿Existe una escuela andaluza en el toreo?

Yo sinceramente creo que el toreo nace en Andalucía. Los toreros más importantes, los primeros, nacen por Sevilla, Ronda, Chiclana, con «El Chiclanero»… El Sur ha tenido siempre una forma especial de tratar ese juego con el toro. Era un juego que se hacía en más lugares de España, incluso del mundo, porque en Londres hubo dos plazas de toros. Yo creo que lo que es el arte, el duende, sólo se pudo consumar aquí, en Andalucía. Sevilla, Cádiz… como ocurre con el flamenco. Lo demás sí que existía en otros sitios, el juego con el toro, el romance con él, el torero valiente… El torero artista, con duende, como decía Lorca, era de aquí. Decía en un ensayo que hizo en Nueva York sobre el duende: «Joselito, con su duende judío; Belmonte con su duende barroco; y Cagancho con su duende gitano». Decía que el duende sólo se daba aquí. No sé. Ha sido una forma de entendernos con el toro y de hacer arte y eso ha sucedido por aquí. Hay toreros muy importantes en Madrid y en Norte, incluso fuera de España pero es la escuela andaluza la que le ha dado más consistencia a la tauromaquia.

¿Está Morante loco?

No sé, dicen que no. A veces se lo pregunto a los médicos: «¿Yo estoy loco?». Siempre me dicen que no. Ellos son los que mandan en eso (risas).

Aunque hay que estar un poco loco para ser torero…

Hay que estar un poco para allá (risas). Es una profesión muy aventurera. Belmonte cuenta en sus memorias que quería ser torero aunque no sabía muy bien lo que era eso. Él nació en una familia muy humilde y no lo conocía de cerca. Joselito. en cambio. nació en otro tipo de familia. Su padre era matador de toros, con otra educación. Belmonte se crió en la calle y quería tener aventuras con los toros, que algún día se embarcaría a cazar leones a África decía. Estaba loco de contento con eso. El torero es una persona que vive apasionado.

¿El toreo es el último rito de la antigüedad como digo Albert Boadella?

Seguramente, sin lugar a dudas, es el último.

¿Tres fechas señaladas en su vida?

La primera vez y la única que salí por la Puerta del Príncipe de Sevilla. Esa fue una fecha preciosa. El día que tomé la alternativa fue para mí fundamental y el día que nacieron mis hijos. Por ahí puede andar la cosa (risas).

¿Tres faenas inolvidables?

Yo tengo muy mala memoria y cada vez que me preguntan apenas me acuerdo. Cuando me empiezan a dar pistas actúo por cortesía como si me acordase de esas tardes. Las últimas son aquellas en las que uno es más uno mismo. Como todos los artistas en las últimas me veo más yo que nunca. Cuando uno es jovencillo antes de ser torero era puro sentimiento, pura inocencia que eso es de lo más lindo. Cuando uno llega a dominar el toro, porque al principio la ves como a una bestia indomable y los sueños se difuminan,  se siente uno mismo delante de él y nacen los momentos más bonitos. Por decirte una de las últimas, la de México en la que le corté dos orejas. El toro se llamaba «Debutante». Espero debutar de esa manera muchas tardes en Sevilla este año, de esa manera (sonríe).

¿Qué encuentras en el silencio y en la soledad?

En el silencio y en la soledad encuentras la verdad. Encuentras lo que eres tú. Es donde nacen nuestras ideas y nuestra verdadera vida. A mí me encanta la soledad. Es verdad que cuando estoy delante del toro estoy sólo y, de hecho, se debe estar sólo, aislado de la presión externa. Ahí es donde uno se encuentra a uno mismo. El silencio hace fluir la verdad. El silencio es el que me ha guiado siempre. Nunca me han gustado los aduladores. Cuando los he escuchado ha sido como si oyese llover. Es bonito que pase pero no es lo que me mueve. Siempre es interesante escuchar algún detalle que comenta alguien en un momento concreto, pero de lo que siempre huyo es de los halagos.

¿Ha hablado alguna vez con el toro?    

Rafael de Paula dijo en una entrevista que un toro le llegó a decir: «¡Como te coja, te mato'» (risas). Uno no es que hable con el toro. Uno habla en realidad con uno mismo, se desnuda delante del toro. El toro es como si fuese un espejo y es el que te hace ver todas tus penurias. Entonces continuamente está provocando un miedo al que te estás sobreponiendo, pero en realidad no estás hablando con el toro, sino con uno mismo. El toro es como un espejo de uno mismo. Es un monólogo no un diálogo. Hay veces que acaba en sainete y tienes que coger por el camino de en medio (risas).

¿Cómo quiere que le recuerden? ?Quizás con un monumento fúnebre  como el que hiciera Mariano Benlliure para Joselito «El Gallo»?

No sé. Pues eso sí sería muy bonito, pero no me gusta recordarme estando vivo (risas). No me gusta ni poner fotos mías en mi casa (risas). El día que llegue el último día que sea algo rápido, fuera y se acabó.

¿Quién es Dios?

Alguien a quien veo en muchos sitios. Lo veo en el arte, en la naturaleza, en la inocencia. Al decir en el arte estoy diciendo muchas cosas. La obra misteriosa de Jesucristo me apasiona. Lo necesito en mi vida. No soy practicante pero me siento bien cuando estoy en una iglesia. En el silencio de una iglesia encuentro a Dios. En las iglesias existe el silencio en estado puro, ahí y en la Maestranza, el silencio maestrante, es un silencio expectante cuando la cosa va bien (sonríe).

¿Es un hombre feliz?

Hombre, podría decir que sí. No tengo ninguna receta. Podría decirte: rabo de rata, ancas de rana… (risas). Tengo que dar muchas gracias a Dios porque no puedo pedir más para ser feliz. Tengo salud, tengo una familia, amigos y soy feliz toreando. Lo tengo todo.

¿Si no hubiese torero qué hubiese sido?

Hubiese estado a la suerte de Dios. Eso está claro. No he tenido en mi vida ninguna labor de aprendizaje de otra cosa. Nací torero. Me acuerdo, siendo un niño de novillero, que me horrorizaba no poder triunfar en los toros porque no sabía hacer otra cosa que no fuese torear. Belmonte decía que el toreo es una enfermedad que no tiene cura. Difícilmente el torero que no ha podido serlo puede ser feliz. Siempre tiene ese amargor interior. Yo hubiese sido un torero amargado si no hubiese triunfado porque sentía pánico sólo de pensar que eso pudiese ocurrir. Gracias a Dios el toro me ha dado muchas cosas. Estoy feliz porque si no hubiese sido torero no hubiese sido nada.

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