Gunilla von Bismarck

Libre, vital, positiva, divertida, clara, sin complejos, abierta y con una vida con sus luces y sus sombras como la de cualquier mujer. Prefiere dar una imagen frívola a contar sus baches y se vale de caparazones para que su figura se asocie a una vida en rosa. Sencilla y sin pretensiones, no se considera nadie especial, aunque sí que lo es. Entiende la vida como una oportunidad y se la bebe sin más meta que ser y hacer feliz. Llegó siendo una niña a una Marbella con burros de la mano de su familia y desde entonces nunca ha querido marcharse, ni con la llegada de los rusos y sus ostentosos coches de nuevos ricos. Nombrarla es nombrar a Marbella. Con ustedes, Gunilla von Bismarck, la fiesta tiene que continuar…

¿Qué tiene Marbella que la encandiló?
El clima, fundamentalmente, y los andaluces. Tanto su sentido del humor, lo sentidos que son. No tienen complejos. Me encantó el flamenco. Me enamoró la vida en Andalucía. Marbella tiene un   microclima que no lo tiene ni la misma Málaga. Aquí se puede hacer muchos deportes además…

Si tuviese que resumirse en una sola palabra, ¿cuál sería?
Naturaleza. Soy natural y me encanta la naturaleza. Soy como soy. No interpreto nada. Una faceta que de mí a lo mejor no se conoce es mi amor a la naturaleza, porque me siento muy unida a ella. Y a mi familia… La gente me conoce por las fiestas y de mi profundamente no se sabe nada, porque no quiero. Prefiero así. Tengo muchos caparazones.

¿Ha cambiado mucho Marbella desde que la conoció hasta nuestros días?
Ha cambiado mil veces. Cuando llegué no estaba ni el Marbella Club, ni nada. Llegué aquí con once años y recuerdo solo los burros que nos llevaban de un lado para otro. No teníamos ni amigos, ni conocidos. Amigos sí que tenía mi padre. A finales de los años setenta empecé a asistir a fiestas, algunas en la playa, pero en un ambiente muy sencillo. Podíamos comernos simplemente unos espaguetis en la playa o una barbacoa. Era un ambiente muy sano. Ahora y desde hace unos años la gente es demasiado sofisticada. Aunque Marbella sigue teniendo de todo. Lo que tú busques lo tienes en Marbella. Lo bueno y lo malo. Lo bonito y lo feo.

Es cierto, como decía, que siempre se le ha relacionado con un mundo de fiestas,  qué tiene la vida de fiesta?
Depende de uno mismo, de tu actitud hacia la vida. Cada día que te despiertes sin dolor y sin grandes problemas es para interpretarla como toda una fiesta. Nos vamos haciendo viejos todos, no solamente yo… (risas). Pero seguimos disfrutando en la medida de lo posible de la vida. Es además nuestra obligación pienso.

¿Es la vida una fiesta?
No, la vida es durísima. Sobrevivir es difícil hoy en día y vivir más aun.

¿Es coqueta?
Si una mujer no es coqueta no es una mujer.

¿Qué es lo que más le gusta de la vida?
La naturaleza, como te he dicho antes, mi hijo, el amor y Marbella. Marbella es como una isla dentro de Andalucía. No es muy grande, pero cabemos todos.

¿Qué le aburre de ella?
Mucha gente. Necesito a mi lado gente que tenga buen sentido del humor o algo especial y de ese tipo no hay mucha. Más que aburrirme lo que no me gusta es la hipocresía de nuestra sociedad. Yo siempre digo lo que pienso. Normalmente sí. Eso le choca a la gente. Así soy y no me importa lo que piense el resto. Me gusta decir lo que pienso y siento. No soporto un avión que dure cinco horas, eso sí que me aburre… (risas). Me aburre esperar demasiado a las maletas, ¿qué se creen? (sonríe). En serio, intento sacarle todo lo positivo a todo. No me gusta decir que alguien es aburrido a priori. Sólo tienes que tener interés en descubrirlo.

¿Necesita el silencio?
Sí, es muy importante para mí. Me encanta cuando estoy sola y no oigo nada de ruido. Me gusta a veces estar sin gente alrededor, sin música… Lo necesito.

¿A quién admira?
Admiro mucho a mi hijo porque es muy disciplinado y muy buena persona. Es alguien muy especial. Después admiro a la gente que ha sufrido mucho y que a pesar de eso son positivos. Conozco a muchos que no se quejan y eso es maravilloso. Están afrontando la vida con valentía y de una manera fantástica, sin mostrar debilidad. Esos son a los que yo admiro.

Pertenece a una familia que ha jugado un papel principal en Alemania.
Es bisnieta de Otto von Bismarck, nieta de Herbert von Bismarck y de la condesa Margarita Hoyos… ¿de qué manera le ha condicionado su familia en su vida?
La familia en la que uno nace juega un papel muy importante en nuestras vidas. En mi caso, es una responsabilidad muy grande. Te obliga de alguna manera a mostrar compromiso y a comportarte, al menos en público, de acuerdo a una disciplina. Si eres una Von Bismarck tienes que comportarte como tal. Mi apellido es muy importante en Alemania, como sabes, y eso tengo que tenerlo en cuenta en mi día a día y en mi respeto y trato con los demás. Estoy muy orgullosa de mi familia.

¿Quién es Luis Ortiz?
El gran amor de mi vida. Es genial. El hombre de mi vida. Es divertidísimo, inteligente y muy listo. Es imposible (risas).

¿Sabría definirme la palabra Libertad?
Sí, el lujo más grande que existe. La conozco muy bien, sí, sí.

¿Qué le queda por hacer?
Muchas cosas. Conocer a más gente, viajar más y vivir y disfrutar más todavía si cabe (risas). Quiero ser feliz y seguir haciendo feliz a los demás.

La palabra glamour está un poco manida, ¿no?
Sí, pero el glamour es algo que hace falta. La gente lo asocia a vestidos, a la juventud… pero es algo que se tiene o no se tiene. No viene con nada que te puedas poner encima o hacer. Nace y muere con quien tenga la suerte de tenerlo. Es una palabra que me gusta.

Si su vida fuese una película o una ópera, ¿cuál sería?
No se ha rodado ni compuesto aun (risas).

¿Hay algo que le de miedo?
Me da miedo sufrir. No le tengo miedo a la muerte. Me da miedo verme algún día atada a una cama y no poder moverme. Me encantaría ser dueña de mi voluntad y decidir cuándo morirme.

Pocos han ido a tantas fiestas como Gunilla, ¿cuál es la fiesta perfecta?
Es aquella que tiene una mezcla de gente joven y un poco mayor, chicas muy guapas, hombres divertidos, mucha bebida y buenísima música. La comida no es tan importante como todo lo anterior.

¿Qué tiene de española y qué de alemana?
Pienso que soy divertida como los españoles. Tengo el sentido del humor de los andaluces,  precisamente gracias a ellos. De española mi amor a Andalucía, a España, a los andaluces y su espontaneidad. De alemana, la disciplina, la puntualidad que tienen. Es una mezcla muy buena Alemania y España. Nunca hemos tenido guerra entre nosotros.

Si yo le digo España, usted me dice…
¿Qué España me dices? Porque no se puede comparar el Norte con el Sur, por ejemplo. España es muy difícil definir porque hay muchas Españas y mucha variedad de españoles. Esa variedad la hace maravillosa. El idioma que hablan los andaluces por ejemplo me cuesta entenderlo mucho más que el de otras zonas de España. Al revés tampoco me entienden bien o sea que estamos en paz (risas). Si tengo que buscar una palabra para España sería la hospitalidad. Sois muy gentiles  los españoles con los extranjeros. Hacéis un gran esfuerzo porque nos sintamos encasa.

¿Prefiere un loco o un cuerdo?
Me divierten más los locos, siempre que sean más listos que los cuerdos (sonríe).