Por las callejuelas con Exvotos

 
Exvotos

Luciano Galán y Daniel Maldonado – Artesanos

Luciano Galán y Daniel Maldonado son de esos genios que nacen muy de vez en cuando. Nacidos al arrullo de la Campiña, entre Utrera y Arahal trazaron una línea para encontrarse a través del arte. Ambos son “The Exvotos”, la artesanía llevada a la práctica con genialidad, pureza y un punto de locura.

Luciano se formó a caballo entre Sevilla y Venecia. El universo de las máscaras con una artesanía en franca decadencia le inspiró tanto que se quedó allí durante un tiempo aplicando los conocimientos de escultura que había adquirido en Sevilla. Daniel hizo lo propio en Lisboa, seducido por la cadencia del fado entre paneles cerámicos que miran a Triana. 

Acaban de estrenar estudio en la calle Bordador Rodríguez Ojeda, el hombre que transformó el universo de la Semana Santa fusionando el buen gusto y el atrevimiento. Esa delgada línea en la que Luciano y Daniel caminan a diario. Minutos antes de la entrevista entra en el lugar José Víctor Rodríguez Caro, el 50% de Victorio&Lucchino. Les ha encargado algunos trabajos para la nueva tienda de decoración “Victorio&Lucchino Interiors” que se está abriendo en Madrid. “Les ha quedado el estudio que parece Nueva York”, dice José Victor, al tiempo que Los Exvotos lo sientan en un sillón de mimbre tipo Emmanuelle que el periodista tampoco duda en usar a la hora de empezar a preguntar.

¿Por qué “The ExVotos”?

Luciano: Nosotros empezamos a vender nuestras piezas en mercadillos de arte. Entre las cosas que llevábamos, había muchos exvotos. La misma gente que empezó a comprarnos nos empezó a conocer así.

Daniel: También es que nos encantan, son piezas con un punto popular que cuentan una historia.

L: Tienen un trasfondo… es arte útil. Hay milagros, leyendas, religiosidad popular…

¿Vuestra fuente de inspiración?

D: La Naturaleza. En ella están los vegetales, el mar, el campo…

L: Objetos insólitos, una historia que contar, las antigüedades…

¿Qué aporta cada uno en vuestro dúo?

D: Somos un 50% cada uno. Hacemos escultura, cerámica, cartapesta y pintura. Lo que uno aporta en escultura o modelado, el otro lo complementa con la pintura y la cerámica. Desde que se concibe la pieza, colaboramos los dos.

L: Lo que nosotros fabricamos es un mestizaje; de lo religioso y lo popular con lo profano.

La pieza que os define

L: Las cabezas recipientes, que es donde hemos unido los conocimientos plásticos de los dos: la escultura y la cerámica

D: Nuestra base es la maceta a la que hemos dado una figura humana, animal…

L: Nuestro fin es la escultura cerámica, que tanto se ha dado en Sevilla. Por ejemplo, en la cerámica trianera.

Pero lo vuestro es otra cosa…

L: Ante todo somos creadores; queremos crear. Aunque bebamos de la cerámica de Triana en los esmaltes, la manera de trabajar, los óxidos, el colorido… hemos tratado de renovar y hacerlo nuestro.

¿Por qué creéis que lo que hoy se hace imitando a Triana no está a la altura?

D: Principalmente, los barreros de Triana se cegaron y, por tanto, la materia prima ya no existe.

L: La artesanía ha cambiado. Hoy todos tienden a buscar la perfección y Triana tenía la gracia de lo imperfecto.

Eso ocurre en otros campos, también.

L: Claro, en la imaginería por ejemplo. Hoy día se hacen cosas con un grado de perfección que hasta el propio Montañés se asombraría.

D: A veces no nos damos cuenta que la belleza está en lo asimétrico, lo imperfecto. Ahí está la Soledad de San Lorenzo o el Cristo de San Esteban.

¿Qué tipo de cliente se interesa por lo vuestro?

L: Nuestro cliente tiene que tener sensibilidad.

D: Con mayor o menos poder adquisitivo es alguien que quiere tener una pieza original. Gente que busca lo auténtico.

Estáis estrenando estudio ¿no?

L: No queríamos irnos del barrio, nos gusta estar entre San Julian y la Macarena. Es como un pueblo, muy tranquilo. Hay espacio para cada disciplina. Para modelar, para pintar…

Uno de vuestros principales proyectos es trabajar, ahora, con Victorio & Lucchino

En la nueva tienda de decoración que abren en Madrid habrá una representación de todo nuestro trabajo: cerámica, escultura, pintura y cartapesta. Será Victorio & Lucchino by The Exvotos.

¿Todo artista debe tener un punto de bohemio, o de locura?

L: Si. Para que funcione tiene que tener una mano en el cielo y otra en el suelo.

D: Pero dentro de lo bohemio, hay que ser disciplinado.

L: En un trabajo hay dos partes, la creativa y la que ejecuta la idea. En esa segunda fase no vale ser un bohemio, tienes que cumplir con el cliente y con los plazos.

¿Cuál es vuestra locura?

L: Todos los días se nos ocurre algo nuevo.

D: Tenemos un bigote antiguo y a casi todas las piezas que entran le ponemos el bigote.

Habrá quién no os entienda…

L: Bueno, hay gente que no nos entiende. Vino alguien a hacernos un encargo de imaginería y nos preguntó que dónde estaban los bocetos de los santos o los diplomas de las hermandades.

¿Lo más bonito que han dicho de vuestro trabajo?

L: Que nuestro trabajo pasará a la historia.

D: Que perdurará de generación en generación.

L: Yo lo que quiero es que una de las cabezas que hagamos aparezca algún día en el Jueves… dentro de 150 años.

¿Eso te gustaría?

L: Lo que espero de la vida es que mis piezas estén divididas entre anticuarios y el Jueves.

D: Además, todo lo que sale del Jueves vuelve. Va y vuelve.

L: Una generación lo coge y la otra se deshace de ella.

Sois de los que no faltáis ni un jueves del año a la calle Feria ¿no?

L: Yo vine al Jueves por primera vez con 16 años

D: Mi abuela Mari Pepa, que vivía en la calle Gerona, era adicta al Jueves. Yo salía de pequeño en el Santo Entierro de Arahal y las varas que yo sacaba eran, cada año, de distintas hermandades. Las compraba mi abuela en el Jueves.

¿Qué os aporta?

L: Nos inspira, está lleno de romanticismo.

D: Lo ideal es que fuera nuestro día de fiesta. Para terminar en el “Vizcaíno” tomando la tapita. A mí ya no sólo me atraen los objetos sino, desde el punto de vista antropológico, los personajes que encuentras.

¿Qué tesoros habéis encontrado?

L: Los libros de María de Ágreda, una edición de 1755 en tres volúmenes con su primera impresión en Amberes.

D: Bordados del XVII, objetos insólitos… que ni los que lo venden saben que son.

L: Porciones de esculturas…

¿En Sevilla hay buen gusto?

L: Si, en el Sur hay muy buen gusto. Muy refinado

¿El buen gusto está al alcance de cualquiera?

L: Si, pero tienes que tener interés por el buen gusto.

D: Pero ese buen gusto hay que cultivarlo. Tenemos clientes que no tienen un gran poder adquisitivo pero se interesan por lo que hacemos y tienen esa inquietud.

¿Sabe Sevilla vender su arte?

L: Se le podría sacar más partido. Pero de por sí, la ciudad brilla.

D: Tenemos lo básico, que es la luz.

¿Qué obra o monumento nominaríais para que abandone la ciudad?

D: Yo nominaría la Torre Pelli. No porque no me guste, sino porque Sevilla no la necesita.

L: Sevilla no es una ciudad con problemas de espacio como Japón como para tener que construir rascacielos.

D. Yo lo hubiera hecho tumbada, que llegara hasta Coria.

Deja tu comentario