Por las callejuelas con Gino Seguso

 
Gino Seguso

Dueño de la fábrica más antigua de Murano

En muchas ocasiones tengo la sensación de que seré incapaz con palabras de transmitir el jugo del entrevistado de turno, sobre todo si ocurre, como en esta ocasión, que el interrogado tiene tanto que decir que con una entrevista impresa se queda paupérrima y corta. Es hijo de un genio de reconocimiento mundial y aunque es consciente de ello  le ha servido para mirarse en el espejo de su padre, admirarlo, aprender de él y llevarlo como bandera con una humildad insultante. La humildad de los grandes de verdad… Hablar con Gino Seguso, dueño de la fábrica más antigua de Murano, es hacerlo con un señor, veraz, vivido, elegante en sus formas, humilde, inteligente, sereno, profundo. Nos conocimos gracias a mi amiga Clelia Muchetti, hermana de la mujer de Gino, la genial e incansable Giusy Gnutti. En una semana junto a ellos y como perfectos anfitriones por las entrañas de Italia, tuve la oportunidad de aprender muchísimo y de volver cargado de ideas. En un almuerzo surgió de una hoja de papel, un lápiz y las manos de Gino Seguso el boceto de los VII Premios Escaparate que cobraron vida para nuestra ceremonia, a base de la artesanía del cristal de Murano que a tantas personalidades durante siglos ha encandilado. Cada año nuestros premios tienen una historia muy bonita detrás y este año era desde luego de cine y escrita en italiano. Gino Seguso es la entrevista de este mes. Era de Ley que así fuese.

¿Quién fue Archimede Seguso?
Hablar de Archimede Seguso es siempre una tarea extremadamente placentera., porque fue un hombre fuerte, dulce, con una ímpetu de investigación permanente, pleno de personalidad, gentil. Último o uno de los últimos hombres gentiles venecianos. Ha trabajado, ha expresado un universo a través del cristal, ha dado forma y ha experimentado técnicas hasta entonces no probadas. Archimede fue un genio para mí obviamente que soy su hijo y, en general, un mito, en cuanto ha aportado grandeza al cristal veneciano de Murano que estuvo infravalorado en el Ochocientos. Ha renovado la cultura muranesa  y la ha colocado en su sitio ya en el Novecientos.

¿Cuándo comenzó la tradición del cristal en Murano?
Murano es uno de los primeros puntos industriales de la historia. Desde final del siglo XIII todos los cristaleros de Venecia se vieron forzados a mudarse a Murano debido al riesgo de incendios. Durante el siguiente siglo, comenzaron las exportaciones y la isla ganó fama, inicialmente por la fabricación de espejos y abalorios. Durante algún tiempo, Murano llegó a ser el mayor productor de cristal de Europa. Más tarde, la isla se hizo famosa por sus arañas de luces. Aunque hubo un importante declive durante el siglo XVIII, la cristalería sigue siendo la industria más importante de la isla.

¿Dónde reside la genialidad de vuestras piezas?
Es una pregunta extremadamente difícil de responder. Un corazón sensible puede verlo inmediatamente. En el cristal pasa como en la Moda, cuando un diseñador deja su impronta, lo que lleva dentro valiéndose de telas. Cuando mi padre acudió al cristal buscaba serenidad, tranquilidad, belleza para sus clientes. A fin de cuentas el arte es belleza. Cuando una persona de ánimo noble realiza cualquier cosa sin saber la intención del arte en él salen cosas maravillosas, sale precisamente el arte. Mi padre fue reconocido por su calidad y genialidad. La grandeza de mi padre creo que además reside en querer continuar con su personalidad y en su línea esencial durante años y siguiendo la tradición de siglos. Cuando ves en el escaparate una pieza de mi padre tienes la sensación de superar la propia barrera vital del tiempo por su intemporalidad. La eternidad del arte.

Han trabajado para Versace, Valentino, Cartier, Tiffany´s y tantos de las grandes firmas de la Moda, ¿cómo ha sido la experiencia?
La experiencia con los grandes como siempre pasa con los grandes personajes del momento es siempre diversa. Detrás de cada personaje hay una personalidad característica única e irrepetible. Trabajar con Gianni Versace fue muy bonito, inolvidable. Era distinguido. Mi padre y él tenían mucho feeling y se entendieron muy bien desde el principio. Con Tiffany´s  es un ejemplo de lo hecho en Italia excepcional. A finales de los años cuarenta, se produce un encuentro entre mi padre y Jean-Baptiste Tiffany en Florencia. Fue un trabajo constante juntos las dos Casas desde 1949 hasta 2013. Tiffany ha modificado muchos diseños pero siempre de la mano. Fue nuestro primer cliente y nos une una fabricación tradicional y la excelencia del “made in Italy”.

¿Qué quiere decir que Tiffany´s sea desde los años cuarenta su principal cliente?
En 1989, cuando mi padre cumplió ochenta años, Tiffany´s celebró en Nueva York una cena con autoridades venecianas, una fiesta extremadamente bella, con una muestra de su trabajo. Un enorme orgullo. Va a ser nombrado monumento viviente por la Unesco.

¿Cuál es el encargo más extravagante que les hayan hecho?
Cada encargo es una aventura. Nuestra extravagancia radica en el carácter único de nuestras piezas, no hay dos iguales; la forma tradicional y ancestral como se elaboran, la belleza que custodian, la genuinidad en la que se fraguan y el alcance que ha tenido a lo largo de su historia a través de grandes personajes de la historia contemporánea de esta fábrica.

¿Podría contarme algunas anécdotas en torno a su fábrica y sus piezas?
Tantísimas… Muchas, muchísimas. La más bella quizás para mí más que otra cosa era la manera que tenía mi padre de describir su trabajo. Decía algo así como que el cristal es como un caramelo que cuando más cariño se le ponía al soplarlo más dulce era su resultado.

¿Quiénes han pasado por vuestra emblemática fábrica?
Reyes, príncipes, jefes de estado, primeros ministros, delegaciones de países comunistas y capitalistas, unidos por el arte que se fragua en Murano… Tratándose de una entrevista para un medio español, cómo no, recordar la visita de los Reyes de España, vinieron con la Infanta Doña Cristina con su marido. Una anécdota simpática le pasó a mi padre con un príncipe de Palermo que vino con un caballo etrusco para que le hiciera una réplica de Murano. Cuando vino a recogerlo, no supo discernir cuál era el original y cuál la réplica.

Su familia lleva seis siglos en Venecia, ¿se imagina su vida lejos del Venetto?
El mundo es muy pequeño y hoy en día las distancias son muy cortas. Viajo constantemente por ver a mis hijos, por conocer lo que ocurre en el mundo y cada rincón de éste es diferente, único, enriquecedor. A día de hoy y pese a la industrialización que hay fuera de Venecia, nuestro vidrio sigue siendo nativo de aquí y sólo aquí se hace de esta forma tan genuina, empapada de historia y de saber hacer. Por lo que difícilmente me veo por mucho tiempo lejos de esta isla del Venetto.

Desde la madurez y habiendo vivido una vida muy rica de la mano de su padre primero y posteriormente formando su familia y su mundo particular, ¿qué ha sacado en esencia? ¿a qué conclusiones ha llegado?
Si volviese a nacer pediría llevar la misma vida, con sus sinsabores y sus cosas buenas. Una vida correcta, laboriosa, serena, feliz. A mi edad he encontrado el amor de nuevo, de la mano de Giusy Gnutti, algo impensable para mí que enviudé de una gran mujer tras cuarenta y un años de matrimonio. Tengo cuatro hijos maravillosos. Pese a la dificultad que no ha sido poca en tantos años que he vivido, la vida es maravillosa. La muerte de mi padre en 1999 fue muy trágica para mí. Mi amor se fue en 2005. Mi madre en 2003… Mi vida es como todas, llena de situaciones de tormentas y de fortunas, pero hay que ser positivo y en la veteranía de mi vida he tenido el placer y el honor de haber encontrado por suerte a una persona fabulosa que en mi vejez me acompaña en este último tramo de mi vida.

No olvida ninguna fecha por lo que veo…
Imposible hacerlo con los hechos que tras estas hubo.

¿Le gustaría que sus hijos continuaran la tradición del cristal?
Mis hijos, a los que adoro y que llevan el cristal de Murano en sus venas, seguramente, al menos uno, seguirá con la tradición del cristal de Murano. Espero… (Sonríe).

¿Qué espera de la vida?
Lo único que espero es la paz en el mundo, un mundo de serenidad. Que la gente se pueda expresar libremente, transmitir lo que realmente sienta, dando lo mejor de cada uno por el bien de todos.

¿Quién es Giusy Gnutti?
Es una persona maravillosa, una buena compañera de viaje, la mejor. Es mi mejor momento.

PERFIL

¿Un libro?  “Los novios” de Alessandro Manzoni.
¿Un color?  Celeste. El color del cielo.
¿Un día?  El día de navidad, porque reúno a toda mi familia.
¿Un día de su vida?  El día que nací (risas).
¿Una película?  Me encanta el cine del Oeste.
¿Un plato?  La pasta.
¿Una ciudad?  Después de Venecia. Trabajé de joven un mes en Japón y me fascinó, luego viví en El Congo que me encantó, luego siendo estudiante en Lausana (Suiza) donde conocí muchos amigos y entonces fue mi ciudad favorita. Hoy en día mis ciudades favoritas son aquellas en las que viven las personas a las que amo, como las que viven mis hijos.
¿Un personaje histórico?  Me fascinó siempre Alejandro Magno.
¿Una frase?  Espero que mañana sea el día más bonito de mi vida.
¡Bravo!  No, ¡bravo tú!
(Risas).

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