Por las callejuelas con Reyes de La Lastra

 
Reyes de La Lastra

Pintora Retratista

Tres purasangres, galopando a lomos de la bajamar sanluqueña, cuando el Sol se dispone a abandonar la tarde para dar paso a la festiva noche de los palcos es la imagen que la sevillana Reyes de la Lastra ha escogido para ser el cartel anunciador de las históricas Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda, consideradas de Interés Turístico Internacional. Esta es la excusa para entrevistar a esta gran pintora retratista que a sus espaldas porta galardones de pintura de ámbito nacional. En estos momentos ultima el retrato del académico Manolo González, ex presidente de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, institución creada en el comienzo del siglo XVIII. Madre de Antonio y Lola, compagina a la mujer y a la artista fluyendo por Sevilla, a la que ama y padece, pero a la que su otro arte, el de saber vivir, le ha cogido el punto y el sitio, como los grandes del Toreo al toro. Reyes es pura. A continuación le brindamos unas pinceladas de su oratoria, que tampoco es mala…

¿Qué es el arte?

El arte es la capacidad de emocionar, en todos los estadíos del arte. Si no te emociona verdaderamente no es arte.

¿Cómo se vive por amor al arte?

¡Uf! (risas). Te tiene que apasionar… Es bueno y es malo, porque es un bicho que se te mete dentro y que no lo puedes remediar. Hay veces que te entran ganas de tirar la toalla, porque a veces es muy complicado, pero es apasionante. Esta vida es muy inestable. Tiene muchos picos, con unas épocas fantásticas y otras que no y luego, además, tú mismo te cuestionas muchas veces lo que estás haciendo. Si eso debe ser así… Esto es una obsesión.

¿Ha deshechado muchos borradores?

Sí señor. Al principio, sobre todo, un cuadro que empezaba acababa siendo cuatro cuadros, uno encima de otro. Por eso es bueno dejar a los cuadros respirar, porque luego y en ocasiones no los ves tan mal. La más crítica conmigo misma soy yo sin duda.

¿Vende lo que pinta o pinta lo que vende?

Bueno, hay de todo. A mí me encanta el encargo y el retrato de encargo. En la sociedad todavía queda el concepto romántico del artista, que es del XIX. Antiguamente todos los artistas pintaban por encargos, les gustara o no les gustara. No hubiéramos tenido ni un Velázquez, ni un Goya, ni un Rubens, ni un Zurbarán, ni una Capilla Sixtina. A Miguel Ángel lo obliga a pintarla el Papa Julio II. A Miguel Ángel se lo llevan incluso encarcelado para pintar la Sixtina, porque no quería realizar ese encargo. Luego llega el concepto romántico del artista, donde es un bohemio, atormentado, que hace lo que le da la gana, incomprendido… Yo me quedo con los otros, porque lo que hay que hacer es trabajar, poniéndole toda la pasión, ilusionándote, haciéndolo lo mejor que puedas. Si tú no te emocionas con tu trabajo, no ilusionarás nunca al espectador.

¿Quedan bohemios?

Hay dos tipos. El bohemio que no trabaja o que no aprende bien el oficio y se queja de su mala suerte, aunque es verdad que la suerte existe y es un componente importante, pero que te coja trabajando que es el otro tipo de bohemio, el que trabaja.

¿Te consideras una pintora bohemia o burguesa?

Yo no sé ni cómo soy… (risas). ¿Burguesa? difícilmente se me puede enclavar como pintora burguesa, aunque por mi aspecto pueda parecerlo. A mí me gusta estar con la gente, por eso me gusta tanto el retrato. Me apasiona el ser humano, lo diferentes que somos y las calidades que hay de piel, de tonos, de comportamientos… Me da igual que sea de un palacio o una gitana canastera. Cada persona es única.

¿De qué estilo te consideras como pintora?

Yo soy naturalista, soy figurativa. Hay una frase de Belmonte que me encanta cuando le dicen que su toreo es clásico y el responde que le encanta que así lo piensen, porque lo clásico nunca pasa de moda. No estoy yo tampoco pendiente de las modas. Me gusta estar informada de lo que pasa a mi alrededor, incluso he participado en videocreaciones, con colegas en instalaciones, en exposición colectivas, conviviendo con otras disciplinas, pero a mí lo que más me gusta es la pintura y, en concreto el retrato.

¿Cómo se compagina ser madre y artista?

(Sonríe). Pues complicado, muy complicado. Ya mis hijos son mayores, Antonio y Lola, pero cuando ellos eran pequeños creían que era un entretenimiento, no una profesión. Me interrumpían constantemente. Tuve que sacar el estudio de casa, con sus ventajas e inconvenientes. Cuando pintas en casa pintas cuando y como quieres, porque pintar es muy solitario. El hecho de tenerlo fuera sí que te permite recibir a la gente en el estudio… es otra historia. Cuando mis hijos empezaron a entender que esto era serio, empecé a ganar premios nacionales de pintura. Me dejaron hacer (sonríe).

¿Cómo ve Reyes de la Lastra las centenarias carreras de caballos de Sanlúcar de Barrameda?

Es todo un lujo y además las debemos agradecer a la gente que se ocupa y preocupa de eso, tanto la Sociedad de Carreras de Caballos, como los criadores, como todos los que la hacen posible. Es un lujo que le recomiendo a cualquiera nada más que por el espectáculo. La salida desde Bajo Guía, con el Coto de Doñana de fondo, con ese paisaje maravilloso… Eso ya en sí es un cuadro. Encima con caballos de pura raza corriendo. Tiene unas horas muy bonitas de pintar, pero justo en la puesta de Sol… que es el momento que he escogido para el cartel. Es apasionante.

Es un momento muy característico en el que muere la tarde y comienza la fiesta, con los caballos en la marea baja…

Exacto.

¿Cómo pintaría en un sólo cuadro a Sanlúcar de Barrameda?

Sanlúcar es que tiene muchos rincones. Es una ciudad muy antigua, con una arquitectura fantástica, como es el caso del Palacio de Medina-Sidonia, sus vistas panorámicas, espectacular. Se unen muchas perspectivas de paisajes: el vino, las plazas, sus gentes… Sanlúcar es un sitio muy especial y, dentro de la provincia de Cádiz, es muy sevillano.

¿Y Sevilla?

Sevilla es una ciudad que me apasiona. Es la ciudad en la que vivo, la siento, la quiero y es también la ciudad que padezco. Hay veinte mil rincones… El Río, el Alcázar, la Catedral, los conventos…

Sevilla es entonces una buena fuente de inspiración…

Siempre lo ha sido y ha dado a grandes artistas a lo largo de toda la historia.

¿Por qué la padece?

Porque Sevilla es Sevilla, ¿eh? (risas). Sevilla parece una ciudad muy abierta pero es una ciudad muy cerrada. Va por zonas, por núcleos… Yo por como soy me muevo por todos los ambientes pero no es lo normal. La gente en Sevilla se etiqueta a sí misma y te etiquetan.

¿Qué colores tiene la vida de Reyes de la Lastra?

Sobre todo, el rojo. Es mi color y todas las gamas del rojo.

¿Qué colores usa para su vida?

Los colores fuertes. Ya me gustaría usar más los colores pasteles… (sonríe). Pero mi carácter es de colores puros. En cambio, a la hora de pintar uso muchos pasteles, muchas veladuras… con lo cual cuando estoy pintando mi carácter se amansa (risas).

¿Qué tiene la vida de pintura?

Pues la vida, dependiendo del observador. Influye la cultura donde te hayas criado, donde hayas vivido y lo que te hayas cultivado. Si te has cultivado y te has preocupado por crecer, disfrutas más de las cosas y lo harás profundamente. Yo creo que es una suerte saber apreciar la sensibilidad de las cosas y no quedarte siempre en la primera lista. Eso es un bien que el que lo tiene y lo aprovecha… El simple olor a azahar, una música, veinte mil cosas con las que convivimos y que pueden hacer que un día sea maravilloso y eso además es gratis.

La sensibilidad es un alma de doble filo, porque al ser sensible, también se es a las agresiones externas…

Pues sí, pero llega un momento que la edad te hace ver las cosas con una cierta distancia. Cuando eres más joven te lo tomas todo a la tremenda y luego te das cuenta que todo es relativo. La botella siempre puede estar medio llena y medio vacía y para mí siempre está medio llena. Siempre hay que ser pragmático y ser feliz en la medida de lo posible. Tenemos que disfrutar de la vida que es un don de Dios y vamos a aprovecharla porque lo que dure duró.

¿Qué hubiese sido si no hubiese sido pintora?

Hubiese sido pintora (risas).

¿Qué espera de la vida?

Todo, todo lo que venga y además estoy abierta a todo. A mí la rutina me mata. Me encanta que la vida cambie todos los días y si no tú puedes hacer que cambie. Puedes tener la intención al menos. La ley de la atracción es cierta. Si hay algo en lo que crees y cargas todas las baterías para que ocurra, tarde o temprano, llegará y si no llegará otra cosa que con el tiempo verás que es mejor. En este estado que vivimos de crisis profunda y de desaliento generalizado y en un departamento constante de quejas… que no es que no sea así pero hay que mirar para arriba y tirar para adelante. Hacer cosas, ser creativo…

Porque las ideas y la inspiración no están en crisis…

Esas nunca lo están. A la hora de ser artista es cierto que se tienen momentos de desencuentro contigo mismo, pero si te pones a trabajar te acabas encontrando. No lo harás quejándote en el concepto de bohemio que existe, que es más burgués… (risas)

¿Cuál será su obra cumbre?

Pues espero que tenga que venir y que vengan muchas cumbres y que sea una ancianita y estar pintando lo que me gusta que es lo que me da vida.

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