Olivia de Borbón Von Hardenberg-Fürstenberg y Julián Porras-Figueroa Toledano

Llevan una vida tranquila en el lugar donde nació su historia de amor. Marbella es además para la hija mayor del Duque de Sevilla su infancia, su pequeña patria. Era una niña risueña, aunque tímida, que creció rodeada de personalidades traídas a este rincón idílico andaluz por el inolvidable Príncipe Don Alfonso von Hohenlohe. Julián es bravo y Olivia es la calma personificada. Flavia y Fernando son los Reyes de su casa. Esta edición de verano la traemos con el microclima de la Concha marbellí de la mano de dos buenos amigos de esta revista desde hace años, Julián Porras-Figueroa y Olivia de Borbón. Una mañana paseando en el icónico Marbella Club y un delicioso almuerzo por cortesía de los interrogados es el escenario en el que nace esta entrevista con aspecto de charla íntima entre amigos o familia elegida.

¿Por qué viven en Marbella?
Olivia de Borbón.- Por la calidad de vida, tenemos un clima fantástico todo el año y se puede vivir de cara al exterior: sin polución y sin ruido constante, para mí eso no tiene precio.
¿Quién es Olivia de Borbón?
O.dB.- Esa es difícil, porque no me gusta hablar de mí misma. Soy una persona muy tímida, una persona muy normal.
¿Qué es ser una persona muy normal?
O.dB.- Aquella que disfruta de las cosas sencillas de la vida, eso es lo normal. Ser feliz, disfrutar de tu familia, de tus amigos, no necesitar de cosas grandes.
Hay dos personas que le han cambiado la vida: Flavia y Fernando…
O.dB.- Y Julián, mi marido; que sin él no estarían ahí. Han cambiado todo; desde mi día a día, porque ahora vivo por y para mi familia, que me encanta además; pero también mi forma de pensar, ya que antes quizás le daba más importancia a cosas que ahora me parecen muy poco importantes. Mientras mi familia esté bien, tenga salud y tenga una sonrisa, no me hace falta nada más.
¿Es quizás la calma de Marbella o la paz que hay aquí la que le ayuda a reconducir?
O.dB.- La paz ayuda mucho. El hecho de vivir una vida tan serena, no acostarnos tarde continuamente, una vida más ordenada; cosa que en Madrid es más difícil, porque tienes todos los días planes y aquí ese tiempo se lo dedico a los que más quiero: soy muy afortunada.
¿Cómo se ve en el futuro? ¿Cuál es su proyecto de vida?
O.dB.- Nunca se sabe, porque no sé si estaré en Marbella, Miami o en Madrid, nunca se sabe. Con mi familia, seguro. Pero haciendo qué o dónde, no lo sé.
¿Quién es Julián Porras?
O.dB.- El amor de mi vida, la persona que me lo ha dado todo y que desde que le conocí sabía que era él. Fue el destino.
¿Duda con frecuencia?
O.dB.- No, pero sí soy muy insegura y muy justa de alguna forma; siempre pienso en la otra parte y eso hace que me cueste a veces tomar decisiones.
¿Qué le hace sentir bien?
O.dB.- Ver a mis hijos sonreír.
¿Le enseñan cosas?
O.dB.- Todos los días y mucha paciencia también…
Julián, ¿quién es Olivia?
J.P-F.- Primero, la pregunta quizás sería: ¿Quién es Julián? De alguna manera soy el anónimo que dentro de este círculo de amor, ya que Olivia era la persona mediática por su profesión y familia. Ella es una persona cercana, humilde, sencilla, inteligente, consecuente con su pasado, presente y pensando en el futuro; una persona que tiene muchísimas cualidades para ser una gran señora, que es lo que es sin intención nunca de ser más que nadie. Es la madre de mis hijos y lo mejor que me ha pasado en la vida sin duda alguna.
Y ahora sí, ¿quién es Julián Porras-Figueroa?
J.P-F.- El Figueroa viene de mi tatarabuela Ascensión de Figueroa, prima hermana del primer Conde de Romanones y los Porras somos manchegos, dueños de las fincas de carbón que había en Puertollano hasta 1999, una familia muy cazadora, de la zona de Castilla La Mancha. Tengo una santa en mi familia: Santa Rafaela Porras y Ayllón. Quitando esos méritos de mis antepasados, Julián es campechano, divertido, que ama a su familia por encima de todo, que adora a sus amigos de verdad y jamás les falla y lucho por el bien de la gente que tengo a mi alrededor.
¿Qué es lo que no se sabe de usted?
J.P-F.- Creo que gracias a Dios, seguiría pensando y creo que no, no tengo nada que ocultar. A parte, después de seis años de estar con Olivia, seguro ya que hubiera salido algo que no se supiera (risas). No considero que haya cometido ninguna tropelía para que nos juzguen por nada malo (risas).
¿Es importante la lealtad?
J.P-F.- Es una de las cosas y de los requisitos que un caballero tiene que tener en su vida.
¿Qué es lo que le da miedo?
J.P-F.- Lo que me da miedo en la vida es fallar a mi familia y también a mis amigos, por algo que no dependa de mí.
¿Se imaginaba viviendo en Marbella?
J.P-F.- Un día, durante muchos años y antes de conocer a Olivia, me decía: «¿Algún día viviré en Marbella?».Yo pensaba que eso sería cuando fuera viejecito, cuando tenga suficientes recursos como para vivir alejado de todo. Después conocí a Olivia en Puerto Banús de copeo por la noche, entre la Bodeguita y Tridente, y después empezamos a hablar, a conocernos, a salir, le pedí la mano, nos casamos y, antes de eso le dije: «Algún día me gustaría vivir en Marbella», ella me respondió «¿Y por qué no?». Ya llevamos seis años viviendo aquí.
¿Qué vínculo tiene con Marbella Club?
J.P-F.- Gracias a Olivia y a su madre, Beatriz von Handenberg, la cual me ha inculcado toda esa época dorada de los 70, los 80 y los 90 mucho. Mi suegra es prima segunda del Príncipe Alfonso de Hohenlohe que hizo todo esto. Me llené mucho de todas las historias que me contaba ella y un día me choqué con el Conde Rudy y él me propuso hacer algo diferente: hacer una fiesta con amigos nuestros de Madrid, Sevilla y España en general. Este año será el cuarto en el que hagamos esta fiesta legendaria en la que unimos a los amigos internacionales de mi querido Hubertus de Hohenhole con mis amigos de Madrid y Sevilla. Le tengo que dar las gracias tanto a mi suegra como al Conde Rudy, que son los que me acercaron al Marbella Club.
Olivia, ¿cómo eran esos veranos dorados del Marbella Club?
O.dB.- Yo me he criado aquí, en cada esquina tengo un recuerdo. En la piscina, tirándome del puente, me rompí el diente; de esas cataratas llegaban a la piscina directamente, y pusieron esto para que no nos tirásemos más los niños… Yo me he pasado la vida aquí, mis padres se conocieron aquí. Tío Alfonso, no era un tío lejano, era muy cercano a todos. Todo el que se acercaba a Marbella Club, era una gran familia. A mí lo que me gusta ver es que siguen viniendo esas generaciones
¿Qué ha cambiado en Marbella de aquella época dorada?
O.dB.- Marbella en esa época era un pueblo maravilloso, donde todos nos conocíamos y vivíamos con las puertas abiertas, tenía un encanto muy especial. Todo el mundo se mezclaba con todo el mundo, daba igual la clase social, el dinero. Era un sitio muy especial. Hoy en día el mundo se ha hecho muy pequeño, pero a la vez muy grande. Pero, aunque no se vea ahora, esa vieja Marbella sigue existiendo, porque los niños de aquel entonces, son los adultos que venimos aquí. Esa magia existe, pero para nosotros, los herederos.
Hablando de heredar, ¿qué ha heredado emocionalmente de su padre y su madre?
O.dB.- Mi madre es una persona muy bohemia, eso lo he heredado de ella. De estar en paz conmigo misma, con mi entorno, no tener rencores y de adaptarme a donde sea. Yo puedo vivir igual aquí en Marbella que en una cabaña de un bosque de Canadá. Mientras esté bien, y los míos estén bien, yo me adapto a todo. De mi padre he adquirido la responsabilidad. Ser una persona consecuente, que asume sus errores, pedir perdón cuando hace falta. He recibido su gusto por el arte, la literatura…
Olivia, ¿qué ha aprendido más con sus éxitos o con sus errores?
O.dB.- Con los éxitos se disfruta y de los errores se aprende más.
¿Y Julián?
J.P-F.- Yo aprendo todos los días algo nuevo de la forma de ser de mi mujer. Muchas veces me equivoco y ella le da la vuelta a las cosas. Por dentro digo: «Es que tenía razón».
¿Creéis que ha sido bastante idónea la mezcla de Olivia, más reservada y Julián, más echado para adelante?
J.P-F.- Gracias a Dios tengo mucha sangre y soy un tío muy echado para adelante, pero Olivia me da ese punto de calma y de contar hasta tres y eso me ha venido muy bien. Yo embisto a la primera y Olivia analiza la situación. Creo que hacemos una buena pareja porque a veces hace falta esa sensibilidad y cordura.
O.dB.- Yo, por la timidez, necesito también un pequeño empujón.
Julián, ¿cuáles son las manías de Olivia?
J.P-F.- Cuando pierde algo es el único momento que me puede llegar a desquiciar. Puede perder una goma del pelo y tirarse todo el día buscándola (risas).
Olivia, ¿qué manías tiene Julián?
O.dB.- Es muy impaciente y mi hija es igual. Mi hija, que le adora por encima de todo, choca con él porque son iguales.
¿Son buenos cocinaros?
J.P-F.- A Olivia se le da bien, tiene un don.
O.dB.- Cada vez cocino menos. Cada vez me da más pereza por haber cocinado para uno todos los días cuando estaba soltera, eso es muy ingrato.
¿A quién admira Julián?
J.P-F.- A mi padre, a mi suegro y a la gente que quiero.
¿Y Olivia?
O.dB.- A esas personas anónimas que luchan por salir adelante, esas madres que tienen tres trabajos para sacar a sus hijos, esas personas que han salido de la nada y que luego son súper generosos. Esas son las personas y no los grandes personajes históricos, porque luego la historia la escribe un historiador que no ha vivido dentro.
¿Tienen un secreto para ser feliz?
O.dB.- Rodearme de buena gente y mi familia.
J.P-F.- Mi familia, que es un poco pedante decirlo, pero me siento privilegiado de crear la familia que hemos creado; y los buenos amigos, que es la familia elegida. Todos tenemos una gotera pero tengo muchos estímulos en la vida para ser feliz.
¿Me pueden confesar algo que no hayan confesado nunca?
O.dB.- ¿Qué sea inconfesable?, no lo sé. Lo que es inconfesable, es inconfesable. Todos tenemos nuestros pequeños secretos. Soy una persona a la que poca gente ha podido ver en bañador, bikini o lo que sea. Me da mucha vergüenza.
J.P-F.- A mí me encanta andar desnudo por casa (risas).

Texto: Mario Niebla del Toro
Fotos: Aníbal González

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